lunes, 28 de septiembre de 2015

La bella potranca salvaje.



La bella potranca salvaje.*
Otto Ricardo-Torres.
(Segundo borrador).

Desde la primera vez me pareció espectacular. Lucía única en el aire libre del escenario, al borde de la ciénaga, en el restaurante, el gato, en sandalias… . Su risa abierta, labios rojos, dientes blancos; su cabello rubio, ensortijado; la piel blanca también, porte altivo, seguro. La miré con atención largo rato, varias veces, restregándome los ojos, y lo único que se me ocurrió pensar es que me parecía cosa de no creer.

Lo siguiente fue cómo acercarme a ella. Como todo tímido que se respete, me pareció que se me hacía inaccesible, que quién sabe cuánta multitud de pretendientes la estarían rondando. Al fin, encontré el camino: Necesitaba decirle que me parecía fascinante el nuevo tipo humano, en mujeres y hombres, pero sobre todo en mujeres, que se había estado fraguando allí en las recientes generaciones. Lugar común y lo que fuera, es verdad. Cuando le pedí su correo, se lo dije, pero el sistema me devolvió el mensaje. Eso era lo que quería decirle, elogiarla de ese modo, pues en realidad me pareció ella una maravillosa representante de esa juventud del lugar.

Cuando empecé a hablar con ella, se me erizó el cuerpo. Poco a poco fui recobrando el equilibrio emocional, aunque no fue tarea fácil. Me abrió las puertas de su casa, me dijo que se sentiría realizada con una compañía como la mía, que vivía sola, sin hijos, sin compañero a bordo, trabajando asiduamente, y que le gustaba el deporte –volybol, natación, caminar-, tomarse dos tragos de old parr de vez en cuando, ir al pueblo a comienzos de año a visitar a la familia, darle vuelta a la finca del papá.

Definitivamente, es una persona descomplicada, transparente, clara, radical, impetuosa en su buena ley, audaz, intuitiva, pero, al estilo de una potranca indómita, de pronto se detiene como para interpretar el viento, el huracán de su cuerpo, y luego prosigue despacio, a trote, cauta, antes de empezar de nuevo a improvisar el despliegue de sus bríos.

Por eso le dije que parecía eso, una potranca salvaje, y se lo dije porque se me chispotió, como diría El Chavo. Temí que me fusilara a través de la web, me puse las manos en la cabeza y en la cara para atajar el guarapazo y hasta me dieron ímpetus de meterme debajo de la mesa, no fuera el chiste, pero no. A cambio de mis temores, dijo jajajajaja en el computador, que es como se ríen a carcajada ahora las criaturas internautas.

A lo largo de los tantos minutos, que eran chorizos de preguntas, respuestas, carcajadas y demás, a veces le decía algo adrede para puyarle los jamelgos, digo, el ego, y se quedaba quieta en seco, volviendo a su programa de televisión –según creo- como si no estuviera hablando con nadie.

Realmente, es una mujer admirable –creo que ya lo dije-, porque es bonita, limpia de alma, esforzada sin alardes, estricta sin mengua de la espontaneidad, amable, efusiva, familiar, práctica y, al mismo tiempo, intuitiva y espontánea. Nunca conocí a una mujer así –se me escapó la frasecita.

Confieso que, de no ser por mi timidez, me le hubiera dedicado a seguirle las pisadas para realizar un boceto más completo de ella.

Increíble. Qué cosecha tan alta de belleza la que se está dando en la aldea. Y tratándose de una bella aldeana con ilustración citadina, ahí sí que peor.

Si me tocara ir alguna vez por allá en mi otra encarnación, por ejemplo, previamente haría ejercicios de quedarme con la boca abierta días enteros para que no me cueste mucho trabajo cuando me toque estarme así allá delante de criaturas como esta.

Aunque no me lo crean, esto me produce alegría. Si tuviera una gorra, la tiraría al aire; si estuviera en una canoa, la movería para un lado y otro hasta llenarla de agua, y si pasara por delante de las luces encendidas de su apartamento, me dedicaría a lanzarle piedrecitas para salir corriendo cuando ella se asome con la escoba o con la olla de la cocina.

xxx.
*Textos inéditos de El Reparo.

Otto Ricardo-Torres
Casa Esenia, enero 2 del 2012.

“No vivir para el presente ni para el futuro, sino para la eternidad”.



“No vivir para el presente ni para el futuro,
sino para la eternidad”.

Otto Ricardo-Torres

Generalmente, al estar existiendo, olvidamos el estar siendo.
El ser permanente es el que está siendo, es nuestro ser esencial. Estar  y existir son, en ciertas circunstancias, sinónimos. El ser existente es circunstancial, transitorio. David está sensato y David es sensato enuncian, de manera respectiva, el estar existiendo, que es de índole ocasional, y el estar siendo, que es permanente o esencial en David.
La gran excepción cualitativa se da cuando el estar se reencuentra y une con el ser, de manera que el estar existiendo, la existencia ordinaria, se integra, ya no de manera ocasional, sino permanente, con la esencia, con el espíritu. En este caso, cabría decir de David que es, v. gr., (definitivamente) un hombre sensato, honesto y honorable, heroico, solidario, sabio, laborioso, etc.
La (para mí) bella característica de los sacerdotes, de los monjes, cuando se dedican realmente a la naturaleza de la vida sagrada, es su permanente consagración al vivir esencial, al estar siendo, viviendo al calor y al abrigo del espíritu. Lo mismo diría del feligrés de cualquier confesión, que no solo está devoto, puro, amoroso y solidario en el templo, mientras se oficia el rito, sino después y siempre.
El sendero del ser de buena voluntad culmina al purificar la existencia, el estar, por virtud de haber logrado labrar la piedra bruta. Eso mismo cabe decir, e incluso con más mérito, de los anónimos o notables seres humanos de la vida profana, masones sin mandil, sacerdotes sin sotanas, monjes del común que viven con los ojos y los oídos abiertos al espíritu. En mi vida, me ha tocado en suerte haber conocido a unos y a otros.
2. El modo de vida del existir es el que empezamos a vivir al nacer, por razón de nuestra interactuación con la realidad exterior o realidad humano social de las costumbres o la cultura antropológica. El ser social y la individualidad entran en juego, relación en la cual el ser humano encuentra todo tipo de ambientes, conductas, modelos de vida, en los cuales el comportamiento correcto de los seres de buena voluntad es la excepción.
El existente se encuentra entonces en el cruce o encrucijada de los dos clásicos senderos contrapuestos que ponen en juego el empleo acertado de su voluntad y su albedrío.
Los ambientes contaminados de conductas despóticas o dictatoriales, oportunistas, hipócritas, de corrupción y desprecio por la vida, los derechos humanos, las libertades y el medio ambiente, más frecuentes cada vez, tienden a comprometer y subyugar a las individualidades débiles de carácter, cuando no sembrando de sangre y de héroes el escenario nacional e internacional. Estos son los casos periódicos, cíclicos, en los cuales el estar existiendo trata de extinguir en los seres humanos su conciencia recóndita, esencial, del estar siendo.
De tal ejemplo dominante surge un paradigma oprobioso, un código social aberrante, que no pocos acaban abrazando, en abono e incremento de la pudrición social e individual. E incluso se llega al extremo de que la individualidad desaparece, aplastada por el peso despótico de la violencia, de la dictadura omnipotente del poder ejercido contra las libertades y el bienestar de la ciudadanía.
A falta de los derechos humanos, de la libertad de expresión, del pulcro ejercicio del sufragio, las mentiras difundidas por los exclusivos canales oficiales destruyen la verdad, la ecuanimidad, la honestidad, el discernimiento y el desarrollo sano y limpio de la vida comunitaria. Son climas creados para generar privilegios exclusivistas, odio y violencia, contra unas víctimas prefabricadas por el discurso tendencioso del Estado despótico. Y así, quien difunde las mentiras y el veneno del odio, adopta el papel de la verdad oficial y del benefactor, y quienes discrepan caen víctimas de la sindicación criminal como enemigos del sátrapa.
Desgraciadamente, hay familias, pueblos, comunidades tomados por la corrupción de la conciencia ciudadana que se yergue como paradigma indisputable e incotrovertible de la conducta social.
No obstante, en tales ambientes sociales e históricos, el rechazo y dolor por la opresión termina, afortunadamente, robusteciendo la conciencia individual y colectiva que da curso a las formidables individualidades solidarias de liberación: “Donde abunda la corrupción sobreabunda la gracia” (San Pablo), pues lo mejor de uno, “el bendito fuego sagrado”, jamás muere en la conciencia individual ni en la colectiva.
3. Declaro aquí para siempre que creo, alabo y celebro la vida de las comunidades e individuos que forman la “inmensa minoría” de los seres humanos de excepción, paradigmas eternos del estar siendo, los cuales, habiendo alcanzado la luz esencial que los habitó, irradian su fuego interno en las diferentes acciones extraordinarias y notables de su personalidad: Santos, héroes, grandes iniciados, científicos, apóstoles, filósofos, pedagogos, artesanos, jornaleros, escritores, juglares … De ellos es obligado reconocer que, al tenor del sagrado upanishad, no ‘viven para el presente ni para el futuro sino para la eternidad’.

Casa Esenia, septiembre 17 del 2015.

QUIEN ES UNO ES EL QUE ADVIERTE QUIÉN NO ES UNO.

QUIEN ES UNO ES EL QUE ADVIERTE QUIÉN NO ES UNO.
Otto Ricardo-Torres.

UN DÍA me di cuenta de quién soy yo y ese día, al mismo tiempo, me di cuenta de quién no he sido yo. Quien es uno advierte quién no es uno, pero el que es uno no se ve porque él es como el ojo, ve pero no se ve. Solo se sabe que es el ojo, o que es uno, porque es el que ve. Así que el que ve es uno, no el que es visto por uno. Este no es un juego de palabras; al contrario, está investido de certeza y de alegría serena, porque me permite saber que lo mejor que a uno le pasa es un regalo superior.

Cuando a uno le consta esto, por experiencia en la persona de uno, es, lejos, diametralmente distinto a cuando uno lo lee o se lo cuentan a uno. Una cosa es leer u oír relatos sobre los ángeles y otra, verlos ‘en persona’ y oírlos hablándole a uno, con el nombre de uno, como para no dejar ningún margen de duda. Son actos de bienaventuranza, digo yo, de los cuales ningún ser está exento.

El que ve es uno, y uno se da cuenta de que el yo real de uno es una especie de invisibilidad consciente y lúcida. De manera que, cuando es uno, no es que ya no esté ahí, pues sí está, sino que uno es el que ve, ese que advertimos que está viendo sin ser visible a los demás. Es el testigo, sobre todo el testigo de uno: El que lo ha venido acompañando a uno, silenciosa y calmadamente, quién sabe desde cuándo, pendiente de la ocasión en que uno ya pueda ver y oír con los ojos y el oído del espíritu.

A raíz de este acontecimiento notable, he empezado a advertir que el desatino mayor que he cometido es el del ego, que se me hace notable en las tareas que he adelantado contaminadas del afán de lucimiento, de figuración, de mostración ante el mundo. Al reparar en esto, también me he dado cuenta de que mis aciertos fueron, a su vez, aquellos en los cuales mi conducta, mis actos, fueron realizados, no por mí, sino a través de mí, como si no hubieran sido hechos por mí. Este descubrimiento, proveniente, sin duda, de mi yo, no del ego –que nunca es uno, sino menos uno, el basurero de uno- me ha permitido poder asegurar que lo realmente importante en uno no es ser importante, sino ser, ser ser, y que, a partir de ahí, lo que ha de venir viene por añadidura.

Y así, cuando escribo o leo, eso es lo que me permite discernir la identidad esencial, la presencia anónima de lo superior, del no ego, en tales actos. Diré con tal ocasión que los actos auténticos de alguien o de uno, son aquellos que nos dan la certeza de ser EN uno y no DE uno.

La pauta de la conducta es claramente apreciable cuando esta manifetación maravillosa ocurre, y, según he venido creyendo, es el sello de lo que ha sido llamado la genialidad. Bien harán los que en ella se dé dicha genialidad en no incurrir en la vanagloria, pues el don superior de la gracia es dación en quien la merece y se retira de quien hace mal uso de ella.

Casa Esenia, septiembre 26 del 2015.

domingo, 27 de septiembre de 2015

MI YOM KIPUR DE TODOS LOS DÍAS.

MI YOM KIPUR DE TODOS LOS DÍAS.

Bendito y amado YHVH, Omnipotente Yo Soy, Señor de mi ser y de mi fe, lo amo y le agradezco Su Vida en mi ser. Ante Usted, pido perdón a los seres y circunstancias que ofendí e hice daño, así como perdono a los que me ofendieron e hicieron daño. Al mismo tiempo, Le pido perdón a Usted por el mal uso de Su energía, causa de mis enfermedades. Que esta energía y las enfermedades en las que habita sean liberadas y transmutadas, con Su Perdón, mi perdón y mi gratitud, a Su Salud y Armonía universal. Amén.

(22 de septiembre, a las 14:57)