miércoles, 12 de agosto de 2015

COLLAGE

(Collage)
DELANTE DE ESTA AUSENCIA.
CANTO EN VOZ BAJA A BOGOTÁ.
Otto Ricardo-Torres.
(Hoy y para siempre,
A SANTA OMAIRA,
Virgen y mártir,
en Armero).
<>
I
La muerte no duele, sino la agonía.
Sin embargo, adonde quiera que sea
el más allá, ahí es uno SIEMPRE,
ya que el salto no es al abismo,
sino a uno mismo.
Pero duele.
Y duelen más los que se van,
los que se han ido.
Es cuando uno empieza verdaderamente a morir.
Sin con ellos es la soledad,
ya sin con uno.
… Me gusta Bogotá así como está hoy, porque este es su modo de ser natural. Gris, llovizna y niebla, y la sensación de estar viendo caminar por la Sabana a José Asunción Silva en su Nocturno, danza y luto, su elegía móvil de amor.
Allí ha estado siempre en esta Bogotá la silueta melancólica del poeta con su amada, ya La Amada, deambulando por la Sabana intemporal.
… Pero cuando hay sol en Bogotá, ella ofrece entonces la antología de sus verdes desfilando de manera muy lenta por toda la Sabana. Aire fino, de cristal, teñido por los matices múltiples de la dilatada esmeralda.
Tal su día de fiesta. Su postal.
Su refinado traje.
Pero son dos, su yin y yang, no blanco y negro, sino verde y gris.
Siempre le ha ganado al verde la llovizna gris, pero aquel está ahí,
agazapado en el mantel de los cultivos y de la vegetación.
Dejo así a Bogotá con su ventana,
con su fría rama y con su luna.
Del humedal vienen hasta aquí los pajaritos a cantar.
Como ahora este, que podría ser un turpial.
Algunos vienen hasta aquí y hacen sus nidos -mirlas, colibríes y los copetones de entre casa. Las palomas vienen todos los días, los azulejos y otros, pero no hacen nidos. Se están, comen, saltan. Vienen a buscar el pan de cada día y a cantar a cualquier hora-.
Este que digo tiene un canto triste, de lentos intervalos.
Y es limpia su queja, lo que me ha venido
a decir, en esta llovizna gris.
Él me trajo a la melancolía de estas palabras.
Canta y calla, como andando entre baldosas negri-blancas.
Y el ambiente se me contamina de corazón, ¿por qué?
Sí, eso fue.
Su canto me trajo a saber
que la muerte no duele,
sino la agonía.
Se hace claro que la muerte es para cambiar de mundo,
A veces mudando de aflicción en alegría,
porque si no, qué tal.
También he venido sabiendo que para morir
no hay necesidad de morir, porque podemos cambiar de mundo, ser otro,
con los ojos abiertos, en medio del trajín de la costumbre, sin ir al camposanto.
Y uno sabe que ahora nuestro uno mismo es otro
porque todo es distinto, pero es que habíamos dejado de verlo,
quién sabe desde cuándo.
Es claro también que uno no ha muerto bien si puede todavía
reconocer un paso con el otro.
Sino cuando, de pronto, hay un paso,
común y corriente para los demás,
pero un salto para uno,
que es cuando vemos
que se abre un
abismo entre uno
y otro pie.
Entonces, uno es y no es, y hay cierta gente afuera que se alcanza a dar cuenta.
Después de pasar ese umbral, ya no hay nadie detrás,
ni seremos el mismo de antes.
Es otra luz.
Podríamos no saltar, seguir usando
el mismo pie, todo el camino igual,
pero entonces no morimos.
Y si no morimos no nacemos.
Ese canto me dice que lo más importante es nacer.
Que Dios nos nace.
Y que después,
uno se nace.
Casa Esenia, 2014.

No hay comentarios: