jueves, 23 de julio de 2015

Apólogo del Ermitaño. Poética.
Otto Ricardo-Torres

Al +P. Marino Troncoso Martínez, S. J.
y a mis exalumnos de postgrado de la
Pontificia Universidad Javeriana.

Observa y reflexiona.
Medita. Aprende.
Y calla.

Y cuando debas decir algo,
Procura que tu palabra
Sea otra manera de callar.

Calla, entonces.
Mirando desde afuera.
Mirándote callar.

Lo visto te ve a ti.

Los ojos han de mirar el agua.
Y ver que el agua los mira.
Los ojos han de mirar el agua
Hasta alcanzar la llama.

Con los ojos cerrados,
El agua va y ve.
El agua de los ojos.

Los ojos. Y los ojos.
El pez y el agua
Sin fondo,
Solo azul.

Después, serás tú mismo.
Solitario.
Solidario.
Solo
Sol.

(Casa Esenia, 1986-2015, versión definitiva).

sábado, 4 de julio de 2015

Al Maestro Juancho Torres y su orquesta folk.



Al Maestro Juancho Torres
y su orquesta folk.
Por Otto Ricardo-Torres.
 No soy musicólogo, pero sí un fervoroso de la música, en especial la de mi región  (porro, cumbia y gaita, su abuela).
Al porro se le atrevesó un sinónimo dañino, al que hay que hacerle ver que nuestro ritmo es ancestral de vieja data y que nada tiene que ver con la marihuana.
Alguna vez, estando de rector de la Universidad de Sucre, me nombraron miembro del jurado en el Festival de Bandas, de Sucre. Allí clamé a favor de las bandas populares, para que les quiten el sambenito de papayeras, que me parece un irrespeto, cualquiera que sea su justificación etimológica con las hojitas del árbol. Es un gracejo despectivo que lastima la dignidad de estas instituciones que, ante todo, son cofradías sagradas por donde ha venido hablando la más pura tradición del folclor regional. … Banda folk, Banda popular, Banda solariega, Banda castiza…, podría ser. Me gusta Banda folk, pues eso es lo que son, que ya la comunidad se iría apropiando con orgullo de la palabra folk.
Del arte individual y el arte folk. En mi Seminario de Estética en el postgrado de Especialización en Pedagogía del folclor, Universidad Santo Tomás, hago la distinción entre arte clásico o individual y arte folk. El primero crea a partir de la innovación individual; cada texto se obliga a ser diferente, incluso en un mismo autor. En cambio, el arte folk, que es tradicional, comunitario y anónimo, es, en el fondo, más exigente que el otro, pues en este su creatividad se funda en su fidelidad al canon comunitario. El autor es más auténtico en la medida en que sepa actuar desde su individualidad solidaria, esto es, comunitaria.
El artista folk es también, por eso, anónimo, en cuanto es el vocero, intérprete, resonancia de la tradición comunitaria; no es un yo individual, sino solidario. …
Lucho Bermúdez, Crescensio Salcedo, Pacho Galán, Pablito Flórez, (el autor de Fiesta en Corraleja), Juancho Torres, Armando Contreras, Rafael Emiro Naranjo, Justiniano Ricardo, Mañungo, y toda esa excelsa galería de orquestas y conjuntos sabaneros, como Alfredo Gutiérrez y los Corraleros de Majagual, y la Orquesta de los Hermanos Martelo, entre tantos otros… .
Tal condición unge de sacralidad al artista folk. Me acerco a ellos y a las Bandas como a un templo. Y son artistas folk: El que hace la casa de palma, la canoa, la bandeja de tolúa, el tapete y la estera, el pellón, el taburete, la angarilla, el burriquete, el pito atravesao y el de cera, la flecha para pescar, las totumas y cucharas, así como las incomparables obras del bollo poloco, las distintas mazamorras, bollos y arepas, el cafongo, el mote de queso, el queso y el suero, la panela y el sangrelión, los dulces, el enyucao, los arroces, los chorizos, pebres, guisos y pasteles, al lado del sombrero vuettiao y el sombrero concho (campesino como yo, y mi preferido), las habarcas trej puntá, los jolones, las hamacas, los calabazos, y la variedad de gritos, cantos (de vaquería, de la zafra, del boga, del arrullo infantil, de los velorios, de la décima) y los cuentos, adivinanzas, refranes.
Son los elementos de la lengua comunitaria, la identidad de la membrecía. Si uno está lejos, un porro, una panela envuelta en hoja de vijao (o bihao, bijao), un pedazo de queso, un bollo limpio, nos congrega o reúne con la comunidad, no importa la distancia de nuestra diáspora.
La costeña, cultura de down-up. Destaco la fuerza del pueblo costeño y, en particular, del sabanero de Sucre, junto con el de su zona fronteriza de Bolívar y Córdoba, por su poder del down-up, palabrota inglesa que califica de ese modo en sociología aquello que brota de abajo hacia arriba, del pueblo hacia arriba, con fuerza de emergencia épica.
En efecto, el fenómeno folk nuestro nace de la entraña tradicional, comunitaria y anónima, incluso con pureza analfabeta, pero con la sabiduría del oído en este caso, y, no a pesar, sino por virtud de esa procedencia y de nuestro modo de ser, asciende a todos los estratos sociales y económicos de nuestro ámbito cultural con aceptación apoteósica. Con ello, lo que es, de origen, tradicional, comunitario y anónimo, es, al mismo tiempo, unánime.
Pocas culturas pueden predicar esta notable condición, pues en otros escenarios, el folclor se da del modo contrario, a saber, de up-down, de la academia y los estratos socioeconómicos altos, hacia la base de la comunidad. Y esto es causa de su languidez, a pesar de su refinamiento alfabeta.
Y es tal el contraste, que nuestro folclor, no solo se pasea como Pedro por su casa por todos los escenarios de la vida sabanera y regiones afines, sino que aún tiene fuerza de expansión nacional e internacional. ¡Lástima que los promotores comerciales hayan estimulado otras manifestaciones musicales costeñas menos auténticas que estas!
Debo decir que el porro, como el sombrero vuettiao, no es solo de Sucre y Córdoba, sino común a Bolívar, colindante con el Departamento de Sucre, y al del Atlántico. Mantengamos la fraternidad y no traten de sacarnos de taquito, hermanos cordobeses, pues, a pesar del nombre dado a la cultura por el célebre antropólogo, ser zenú no le da exclusividad ni privilegio alguno a Córdoba para administrar ni menos para usurparse la tradición común de esta cultura aborigen, que tiene templos ilustres en los sucreños Montes de María y en la región del San Jorge y La Mojana, desde la ciénaga de Tofeme hacia adentro, en cuyos camellones el antropólogo Parsons adelantó una valiosa investigación acerca de la cultura aborigen allí reinante.
En lo musical, la línea aborigen nos viene, según creo, por sus pasos contados, desde la gaita a la cumbia, hasta desembocar en el porro, triétnico ya, pero no menos telúrico que sus  parientas nombradas. Diría, con cuidadito, que la gaita es más aborigen o indígena que la cumbia, en la cual parece destacarse la presencia majestuosa del África.
La gaita conserva de manera mística la nostalgia reminiscente del bohío, y de ser una queja suave que se acuerda de la soledad del boga o del caminante de a pie. Algo en ella está lejos -una lengua, una raza, una cultura seguramente-, no decibles por ninguna palabra, pues se halla disuelta en la piel, en el sudor, en los suspiros disimulados en el son, en el paisaje nativo.
La cumbia, en cambio, también música lunar como la gaita, y más de espacio abierto, como el porro, es un poema absolutamente sensual, que danza en ascenso acompasado hacia la desnudez.
La sangre de la memoria colectiva, sangre musical, es lengua del tacto y del oído, que dice más cuanto menos necesita acompañarse de palabras. Igual pasa con el sabor, el perfume, la mesa de guayacán. Dicen silencio, que es la lengua del otro país habitado por los recuerdos del cuerpo.
De niño y de joven, devotamente me extasiaba contemplando en la plaza de mi pueblo, con o sin luna, el ritmo sobrenatural de aquel jardín de música, de luces y de cuerpos construyendo la geografía emocional del porro, del fandango, de la cumbia.
Quiero creer que mi fe viene de ahí, pues voy a Dios a través de la belleza.
Estas palabras, que he escrito de manera espontánea, son mi homenaje al gran maestro JUANCHO TORRES, paisano y pariente, y, a través de él, al porro sabanero y a todos los miembros de su magnífica orquesta.
Ojalá se diera la auténtica idea de PORRO AL PARQUE, CUMBIA AL PARQUE, GAITA AL PARQUE. O GUABINA, BAMBUCO, JOROPO, PASILLO AL PARQUE, en lugar o al lado de lo otro, para que se viera cuánto sabor y aceptación recónditos guarda el colombiano de todo el país por estos ritmos, conservados en su pureza y sin dejarse contaminar por la chabacanería de la promoción comercial de corbatín.
Si está de acuerdo, alce el pulgar o diga Me Gusta.
 Otto Ricardo-Torres
Casa Esenia, julio 4 del 2013.

jueves, 2 de julio de 2015

Sobre los tipos de poemas. Otto Ricardo-Torres.


 
A propósito de un poema de Juan Carlos Céspedes Acosta.

Esta será una información sucinta, ya que está redactada para mis lectores en facebook. Debido a que casi toda mi vida la dediqué a la cátedra de postgrado en el INSTITUTO CARO Y CUERVO, la PONTIFICIA UNIVERSIDAD JAVERIANA, la UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA NACIONAL, la UNIVERSIDAD SANTO TOMÁS y, como profesor invitado, de las Universidades del Quindío, de Nariño, de Pamplona, de Cartagena…, tuve ocasión de investigar sobre las Poéticas, ya que el campo de mi preferencia fue este y, en especial, el de la Poética Semiótica.

Así, logré abstraer y darme cuenta de: Que hay varias categorías de Poéticas; que la mayoría de estas tienen por fundamento la de Aristóteles; que esta es la que ha sido dominante en la literatura, pero, aunque muchos lo desconozcan, la Poética Connotativa o aristotétlica no es la única. De las categorías que logré establecer, adelanté un corpus bibliográfico amplio, con soporte de datos y citas pertinentes. Mi segundo libro, POÉTICA CONNATIVA O ZEN, presenta esta Poética, totalmente distinta a la de Aristóteles y sus derivadas.

De todas ellas, habiendo muchas propuestas notables, unas de las que más parecen aportar son las de Roman Jakobson, Gérard Genette y Ezra Pound. Me referiré rápidamente a la propuesta de E. Pound, cuyo texto poético es también muy breve. A partir de ella, expondré algunas apreciaciones personales. Este autor, a pesar de su infortunada metida de pata facista, es uno de los cerebros más originales, tanto en la teoría como en la creatividad poéticas. De su guía surgieron tres premios Nobel, T. S. Eliot entre ellos.

Concretamente, mi interés se sitúa en su división de la poesía en
MELOPEA, o “capacidad de generar ritmo y melodía”;
FANOPEA, o “capacidad de crear imágenes”, y
LOGOPEA, o “capacidad de transmitir ideas mediante las imágenes que crea” (Ver Ezra Pound, El arte de la Poesía. México: Joaquín Mortiz, (1970) 1983).
(Cont.).

2. La poesía GNÓMICA o sentenciosa, de Salomón, el Rabino Dom Shem Tob, Platón, Laotsé con el Tao-Te–King, Horacio, Hölderlin, Quevedo, Roberto Juarroz, para no mencionar a los demás poetas de ideas ingleses, rumanos, alemanes, mexicanos, uruguayos y uno que otro colombiano, de esta misma estirpe, corresponderían a la LOGOPEA, que es poesía mental, como el conceptismo de Quevedo, de palabras asequibles, pero de conceptualización muy distante de la intelección o entendimiento fácil. Generalmente, en esta poesía el pan no es pan, ni el vino es vino, pues abunda el sentido ‘en abismo’.

Esta es la poesía más usual porque supuestamente es la que se deja leer. No obstante, se deja leer fácilmente en una articulación, pero no tan fácilmente en la otra, la del sentido. EL PRINCIPITO se deja leer, pero vaya uno al sentido y allí la cosa es a otro precio, por ejemplo.

Por aberración, desviación o envilecimiento del oficio, muchísimos emplean demagógicamente esta variante para escribir editoriales, discurso político pero pura basura poética. Los que aplauden son los del círculo de la ñerocrítica.

Por mi cuenta diría que a esta poesía del Logos podríamos considerarle su envés, la que denominaría poesía del Álogos, arte ya no del logos, sino del no-logos o álogo. Hay arte alógico.

Epicuro en su EPÍSTOLA A MENECEO (texto que bien podría estimarse como precurso de la Semiótica) nos habla de una “frontera de ebullición”, en la cual “los sentidos ablandan la realidad”. Se refiere al umbral de percepción entre el ser humano y la realidad, en donde, por virtud de los sentidos, el ser humano aprehende la realidad y se la trae a la conciencia mediante eso, los sentidos. La frontera externa, ‘dura’, se ‘ablanda’ sensorialmnte al volverse humanizada, realidad subconsciente o interior.

En esa ‘frontera’, las percepciones no son nítidas, pues no hay todavía un correlato o patrón orgánico que les dé figura, cuerpo de identificación. Lo que allí uno aprehende –según el genio de Epicuro- son imágenes ‘primordiales’ que, por ser así, recién sorprendidas en la red, son “incorporales”, esto es, sin cuerpo todavía, en cuerpos embrionarios, translúcidos, que perfectamente se atraviesan entre sí, como las imágenes que sobreaguan en Renoir y, en general, en el impresionismo o aun en el cubista Braque. Esto es, a mi modo de ver, álogos, arte de incorporales y, por tanto, prefigurativo o apenas cuasi-figurativo.

Las menciones a los pintores nos hacen ver que los escenarios del origen también pueden inducirse desde las barandas del presente, mediante el silencio y el mantram, así como mediante estas propuestas artísticas, que también se dan en la literatura. El lenguaje es, no solo un instrumento de comunicación, sino también de la incomunicación. Con el lenguaje –lingüístico o semiótico- podemos decir lo comunicable y lo incomunicable, el logos y el álogos. El teatro Noh del zen, por ejemplo, es sin libreto ni argumento, guiado mágicamente por el azar de la actuación. De ahí sale Esperando a Godot, digo yo.

Las vanguardias, por lo gneral, nacen álogos, pues no son asequibles de entrada; pero voy más allá, a la literatura de la llamada “corriente de la conciencia” –Virginia Wolf, Joyce, Beckett, Lezama Lima, Elizondo-, cuyo caso más a la mano es el monólogo interior, que no es lo mismo que soliloquio. El monólogo interior no es discurso lógico sino alógico, pues su escenario es el discurrir caótico y sinsemántico del sub o inconsciente del personaje. Por esta puerta, el arte nos devolvió felizmente al caos o instante de los orígenes.

Visto entonces de este modo, podríamos considerarlo como de la familia de la Logopea o, si se quiere, su transgresión, o sea, como la “oveja negra” del arte poético logopea.

3. Creo que en esta misma categoría podríamos situar a ciertos poemas que, como los de St. Mallarmé –su poema Sainte-, Saint-John Perse, entre otros pocos, en los cuales la poeticidad estriba en borrar la comunicabilidad de la palabra hasta dejarla en el vacío: El empleo de las palabras para borrar las palabras, feliz y audaz “Poética del silencio”. Según R. Barthes, el holandés Saenredan pintó silencios, rincones de iglesias en silencio.

Esta logopea del silencio –o del “undoing”, en la poétic de Samuel Beckett- es obra de genios, de maestros, “pa machos”, como dirían los académicos. Para saber callar hay que haber aprendido a hablar. Contrariamente a lo que se cree el poeta chapucero, para saber transgredir el protocolo hay que conocerlo. Al descifrarlo, el intérprete debe saber, a su vez, cuál es el canon transgredido para sacar en limpio la propuesta de vanguardia creativa. Sé de casos de lectores, incluso reputados de cultos, que, después de haberle estado buscando el ‘sentido lógico’ a uno de estos textos, tiran el libro con tal cual centener de palabrotas. Se ponen a buscar la solución por la vía del sentido recto, cuando de lo que se trata es del no-sentido, del sinsentido. Si fueran menos dogmáticos, podrían darse cuenta de que también uno está lleno de información caótica, de discursos como el de algunos sueños, por ejemplo, que ni uno mismo entiende. A veces, se nos da por hablar solos, sin ton ni son, o resultamos asociando una cosa con otra sin ninguna relación aparente. En el ser humano abunda más la información inconsciente, subconsciente o paraconsciente que la normalita de la conciencia coherente. Nos hemos habituado a vivir cómodamente en esta y dar por sentado que la otra no es cosa nuestra sino de los artistas chifloretos. Digo entonces que, por habernos engolosinado con el tal Lógos, olvidamos que, así como el Caos es anterior al Cosmos, la conciencia alógica o del álogos es muy anterior -y también real- a la del logos.

Dejo a la averiguación del lector los demás casos poéticos postulados por Ezra Pound.

Esta era la declaración que le debía al distinguido poeta amigo, don Juan Carlos Céspedes Acosta, en venganza por el poema que me dedicó.

<> 

Otto Ricardo-Torres.
Casa Esenia, julio 2 del 2015.