jueves, 4 de junio de 2015

La sentencia del Juez Davidson.

(Minirrelato. Boceto).
Otto Ricardo-Torres.
                                                                                                        A Franz Kafka.

Haciendo uso de la Enmienda del Leñador, el Señor Juez, Frank Davidson, dictó sentencia sin consultar al Jurado, inmediatamente después de escuchar la declaración final del acusado, Ricardo Shem-Tob.

Así dijo:

-La sentencia del Juez Frank Davidson declara INOCENTE al acusado, el señor Ricardo Shem-Tob. Se cierra el caso.

Y se quedó largo rato de pie, en silencio, y, con él, todos los asistentes.

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… El joven Shem-Tob había dicho (palabra más, palabra menos):

“-Señor Juez Frank Davidson [no era usual sino solo decir ‘Señor Juez’] y señores del Jurado: Me declaro culpable. Pero no porque así me lo señale mi conciencia, sino porque ustedes, a través del Señor Fiscal, me han abierto los ojos y me lo han hecho saber así. Creo en la función que cumplen y en la honradez de ustedes, funcionarios de la ley. Les pido perdón a todos: presentes y ausentes. Como esta, seguramente albergo otras faltas, aun peores, si se quiere, de las que tampoco soy consciente de que sean faltas, por no tener codificados en mi alma los reglamentos de la conducta social. En vista de lo expuesto por el Señor Representante de la Sociedad, soy culpable, Señor Juez, y declaro que la argumentación del Señor Fiscal ha sido impecable y maravillosa. Ahora, de modo solemne confieso que no debí haber venido, y de este modo se lo diré a Dios-.”.

-Pero, ¡Juez!, ¡Señor Juez!!!, vociferó el grupito acusador, cuando el Juez dictó sentencia. -¡Pero Juez!-.

Meses (o muchos días días) después, una pequeña multitud de parroquianos dio con la humilde mansión del ermitaño, un rincón de ciénaga donde se había ido a vivir el Juez. Todos lo abrazan con alegría porque la Corte lo había absuelto.

Casa Esenia, Junio 4 del 2m1

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