lunes, 1 de junio de 2015

La cadena mística o la serpiente que se muerde la cola.



De LECCIONES PARA MÍ. Alpha 1.
Otto Ricardo-Torres.

1. Nacer y nacerse corresponden a dos edades o grados del ser. Al nacer, no pusimos nada de nuestra parte; en el nacernos, en cambio, todo es el producto de nuestro esfuerzo. Al que se nace suele llamársele el dos veces nacido, y corresponde al grado de la Iniciación, que siempre es un logro personal. El nacerse es producto de la Iluminación, a partir del cual ya se tienen ojos para ver y oídos para oír.
Y se tienen ojos para ver y oídos para oír cuando advertimos que los ojos y el oído ven y oyen por efecto del Ojo y del Oído que los hacen ver y oír. Palabra más o menos, “Los ojos con los cuales ves a Dios, son El Ojo con el cual Dios te ve a ti” (Angelus Silesius): … El Ojo detrás de los ojos, por virtud del cual los ojos ven. El Ojo grande sin párpados. El Ojo en el Triángulo, de estirpe indoeuropea. El Elohim Vista. …
Como se trata de lecciones para mí, sigo hablando espontáneamente, sin el ánimo de imponer ni una coma a ninguno.
El nacer y el nacerse corresponden a la evolución de la energía en el ser o, en términos dialécticos, a un salto de la evolución, dado que, al nacerse, el ser es, cualitativamente, distinto. Si la evolución anda consecutivamente, sin saltar, sería siempre mecánicamente la misma. La dialéctica introduce la magnífica idea del salto cualitativo, por medio del cual lo igual surge y nace distinto.
2. Después de un tiempo, ya no pude admitir que la metafísica fuese una dimensión “más allá” del plano físico. Pues la así llamada (metafísica) viene a ser la nueva dimensión de la energía, en uno y en todo, coexistente, como un eslabón con el otro, con el plano o grado de la energía antecedente, y que se da a cada rato, en los procesos de maduración de los frutos y de las criaturas, por ejemplo, sin ir muy lejos.
Si observamos la naturaleza o a uno mismo, no será difícil darnos cuenta de que el encadenamiento infinito de la creación, del universo, no empieza ni deja de darse nunca. Tal encadenamiento infinito nos refunde en el horizonte del misterio, en un más allá que viene de atrás, con su combustión autógena, cósmica, alentado por el soplo o energía de vida que se infunde y manifiesta en todo.
3. El misterio es lo que todavía no hemos alcanzado a saber y que, cuando se sabe, no sabemos cómo decirlo. Sabemos, pero no sabemos cómo lo supimos ni cómo poderlo decir.
El conocimiento del o de los misterios funda la fe, no solo del devoto, sino del artista, del científico, del estadista, del filósofo. Así, la fe segura no es creer en lo que no vemos, sino en la revelación de los misterios que se han puesto al alcance de nuestra percepción.
Desde el misterio desembarcan a este mundo las eternas verdades desconocidas y necesarias para el conocimiento y desarrollo de la humanidad. Cuando uno busca o cuando anda con voluntad de saber, descubre lo no conocido, que estaba envuelto en el misterio. A partir de ahí, el ser común y corriente o el investigador fundan la seguridad de su fe en la búsqueda. Del mismo modo se nos revelan presencias y verdades sobrenaturales que nos ponen en la evidencia de lo sobrenatural y de sus criaturas, y a partir de las cuales ya no habrá absolutamente modo alguno de no creer ni de vacilar en la fe en el Universo de El Espíritu de Dios, Gran Señor del Universo, llámenlo del modo que fuere, como más se sientan cómodos.
Todo el que busca encuentra. A todo el que busca con inocencia le ocurren revelaciones. El sendero de la Iniciación es el de la búsqueda inocente y el de la meditación sin premeditación ni cálculos.
Al andar por el sendero, el ser de buena voluntad se ha de encontrar con la Gracia, o el momento de la sorpresa extraordinaria, del salto a otro plano de la realidad, donde vive y reina el país del misterio.
Con móvil correcto y sin alardes, el sendero nos va diciendo todo lo que cada uno necesitamos saber. … A todos los seres de buena voluntad que tengan ojos para ver y oídos para oír.
4. El sinfín del infinito nos abre los ojos a la dimensión de la eternidad, como su complemento dialéctico. El uno se refunde en la otra y viceversa, proceso mediante el cual se genera el misterio del laberinto, del círculo, de la espiral. Pues al refundirse en la cadena del infinito el río de la eternidad, esta sale al infinito, no a la eternidad, lo mismo que el infinito al refundirse en la inmensa lentejuela de la eternidad. De ese laberinto nadie sale, porque siempre salimos a un afuera interior, a otra calidad del camino.
Nunca se sale por la misma puerta de entrada, ni nunca salimos, salvo al interior; y cada “salto” de entrada a un nuevo plano es, en realidad, una entrada hacia afuera, desde un escenario de luz a otro plano cada vez más evolucionado. A su vez, las ideas de infinitud y eternidad que surgen en el camino, nos hacen ver que no hay comienzo ni final, y que el refundirse de esas dos categorías entre sí, genera el símbolo del círculo, por virtud del cual, cualquier punto o momento es la superación de principio y de final, esto es, no es ni principio ni final. Detengámonos a observar o a meditar en un círculo y este nos guiará por sus meandros semánticos.
¿¡Quién tan ingenioso para fabricar ese espectacular rompecabezas del infinito y de la eternidad mordiéndose la cola!?
5. Cada realidad y momento vienen de y van a, ninguno se agota en sí. De donde brota la idea del Logos, que el Gran Maestro masón Lavagnini define de modo brillante como “la conciencia inherente” en cada cosa y momento, es decir, el ritmo de la vida que palpita en la intimidad de todo y por virtud del cual cada cosa y momento y cada todo se mueven y evolucionan sin cesar. De donde, a la vez, se hace presente la evidencia de que en ese ritmo latente, la energía, alma, logos o espíritu, va entrañado, potenciado, el horizonte de cada uno de los momentos de su evolución.
El sendero es, pues, eterno e infinito. “Por donde irás, pasamos todos, hemos pasado todos”. Cualquier punto y momento son copartícipes del infinito y de la eternidad. Cualquier lugar o momento es, al tiempo, infinito y eterno. Por consiguiente, lo infinito es eterno, lo eterno es infinito; el tiempo es espacio y el espacio, tiempo.
Desde este lado del cartel, la razón distingue separadamente los dos hemisferios del Tao, el del infinito y el de la eternidad. En cambio, en el umbral, son al tiempo, el uno en la otra, sin ser dos. Hay un punto en el cual el efecto es causa y la causa, efecto. Es la realidad, que es dialéctica. Así que la "question" no es "ser o no ser", sino ser y no ser.
Por razón de la circularidad y de estar inscritos en esa cadena mística, adonde uno está, ya había llegado. Lo que llega o el que llegó, ya estaba, ya era. Cada punto y momento poseen resonancias de eternidad y de infinito. Coexistimos con aquí y allá. “Y qué pasó cuando usted obtuvo la iluminación”, le preguntaron al señor Buda. A lo cual respondió: -Nada. Todo estaba ahí, sino que no me había dado cuenta.
En cada punto y momento, con la voluntad adecuada, uno puede acordarse y recordar. Según distinción de los toltecas, ‘Acordarse’ es estar presente, en acto, sea el pasado o el futuro. ´Recordar´ es rememorar hechos, es decir, actos del pasado.
El ritmo de la vida no es una combustión ciega, sino que le es inherente el grado sumo de la inteligencia, llega a donde debe llegar, a donde sabe que debe llegar. La sabiduría se simboliza con la luz, así como la vida. “Dar a luz” es traer a la vida. Y ya hemos leído cómo, de la luz, fue hecha la Creación. Y, si bien las estrellas generan luz, “estas fueron creadas por la luz”, en el decir de los toltecas.
¿Alguien osaría creer o acaso afirmar que La Vida, con sus alias, La Energía, El Logos, La Luz, no sabe de dónde viene ni para dónde va? Que no lo sepamos nosotros no nos autoriza a afirmar que ella no lo sepa. Lo poco que uno llega a saber de ella es lo que no logramos saber cómo decirlo.
6. El caso es que, estimando al plano del infinito o espacio como el ACÁ y al de la eternidad o tiempo como el ALLÁ, estando inmersos en el grado de la energía de solo acá, no tenemos ojos para ver el allá, dada la distinta naturaleza de cada una de tales dimensiones. Ni oídos. Los ojos de acá no son aptos para ver ni para oír las evidencias de allá, salvo en la Iluminación. Por donde llegamos al punto, cual es el de que “tener ojos y oídos para ver y oír” es un decir simbólico, cabalístico, si se quiere, para indicar el nacerse o despertar a la dimensión o plano de la energía en el grado del allá desde acá o aquí. Cuando esto ocurre, se da la Iniciación y se efectúa eso que los clásicos figuraron en la forma mítica de la diosa Jano, bifronte, mirando simultáneamente al acá o aquí y al allá.

Casa Esenia, mayo 27 del 2015.

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