viernes, 17 de abril de 2015

LITERATURAS DEL OBJETO Y LA COSA


Connotación, Barroco y Undoing.
Otto Ricardo-Torres
I
Cuestiones preliminares.

Con estas palabras empiezo a tratar por la orillita el tema, entreverándole aspectos atinentes al mismo con observaciones personales sobre la marcha.

A
En general, podría decirse que hay tres usos distintos o tres campos conceptuales del objeto. Uno es el más corriente, que es el de la oposición sujeto/objeto, subjetividad/objetividad.. Otro, el que emplean Roland Barthes y el grupo del  Objetalismo francés, con cuyo enfoque se produjeron brillantes ensayos, de Barthes, Robbe-Grillet, Michel Butor, que conozco, más una excelente producción en narrativa y en cine. Este es el enfoque basado en el punto de vista de la Óptica, del sentido óptico del Objeto, circunstancia en la cual el sujeto de la operación óptica es la cámara, no el ojo humano. O sea, el ojo humano, la subjetividad actuando al modo del ojo de la cámara óptica. Por tal virtud, este objeto, con sentido destinto del primero, más bien resulta muy próximo, aunque no coincidente, con una de las categorías del tercer grupo. Y el último grupo, que es el de la Sociología del Objeto, que emplea la oposición cosa/objeto,  y que es el que he venido siguiendo, con uno que otro remiendo personal.
Dado que me dirijo a un interlocutor aprendiz como yo, cometeré frecuentes pausas, digresiones, para ir explicando algunas ideas convenientes. Estarán marcadas por los párrafos con indentaciones o márgenes de entrada mayores que los empleados en el resto de la exposición.
Un aspecto importante en la sola mención de tres campos semánticos distintos sobre el objeto, es advertir que ponen en evidencia el haberse hecho conciencia de que la objetividad del sentido común no es única, sino que hay otras objetividades más objetivas que esa de la tradición y, con estas, distintas subjetividades correlacionadas con cada una de ellas. El Sujeto cognoscente no se mantiene igual, sino que tiene que estarse adaptando a cada correlación perceptiva. En otras palabras, la presencia de tres campos semánticos sobre el objeto implica, de manera necesaria, esas mismas tres presencias del sujeto para correlacionarse con cada una de las 3 objetividades. Y esto es ya una zancada importante en el escenario del conocimiento para las ciencias, la historia, el arte, la etnografía del habla, la psico-sociología y, sobre todo, para las artes y la filosofía, que es a la que le debemos estas vislumbres y aportes.
Dejemos por sabido el sentido de objeto en la oposición corriente, como la antinomia o lo opuesto de subjetivo. Y pasemos al segundo caso.
Así, cuando Roland Barthes (RB) y los ensayistas y novelistas de le nouveau roman hablan de objeto u objetalismo, el sentido es el de la insobornable transparencia de lo percibido, al modo del lente de la cámara óptica, fotográfica o fílmica, sin el menor riesgo de que la subjetividad se inmiscuya. Desde allí, RB en sus brilantes Ensayos Críticos le dedica varios capítulos a lo que él llama Literatura objetual o Literatura literal o Mundo objeto.
Aunque quisiera, no hago mención de los ensayos de Robbe-Grillet ni de los de Michel Butor sobre esta materia, por respeto a la brevedad en facebook.
Si les parece, les ofrezco la siguiente hipótesis de lectura de aquellos poemas conversacionales de T. S. Eliot, así como de otros de similar estilo en Jaime Sabines. Es esta. El secreto de su encanto podría fundarse en la combinación simultánea de las dos subjetividades: La subjetividdad cero que emplea el punto de vista del ojo como cámara óptica, y la subjetividad del sujeto humano, con el aporte discreto de sus tonalidades o pinceladas de asociaciones emocionales. Estoy seguro de que funciona.
Lo expuesto sobre el objeto quiere decir que hay que entenderlo con precisión en el contexto del sistema teórico en que se emplea, sin posibilidad de trastear su sentido a ninguno de los otros mencionados. Lo que importa a mis propósitos, con base en la clarificación que vengo de hacer, es que la antinomia u oposición cosa/objeto totaliza el universo artístico a lo largo de la geografía y del tiempo, aunque no se le haya dado una apreciación global desde este punto de vista que aquí y ahora empleo.
Finalmente, la oposición cosa/objeto, según LA SOCIOLOGÍA DEL OBJETO , se puede consultar en los siguientes autores, entre otros, seguramente, a saber: Abraham A. Moles, Jean Baudrillard, Pierre Boudon, Henri Van Lier, Eberhard Wahl, Violette Mourin, más las bibliografías que cada uno de estos autores nos aportan en sus ensayos sueltos y libros.
Los que se acercan al conocimiento en condición de discípulos y no de alumnos han logrado saber o sabrán que cuando se da el primer paso en forma debida en el camino del conocimiento, la erudición es un puerto de llegada, no de partida, y que ella viene a uno de manera inevitable, siempre y cuando no la estemos procurando. Generalmente, una cosa nos lleva a otra y a otras de manera infinita. La llamada cadena mística opera en todo, siempre y cuando nos acerquemos al conocimiento en condición de discípulos y no de alumnos, ni mucho menos con la predisposición de enseñar y no de aprender. Lo tóxico es empezar a investigar atragantados de erudición.
La oposición cosa/objeto en la SOCIOLOGÍA DEL OBJETO, con las ñapas ya dichas es, brevemente, esta:
Cosa es el categorema empleado para designar (mejor sería decir para indicar) toda realidad no humanizada.
Sabido es que el hombre en su proceso histórico, al enfrentarse a la naturaleza para convivir con ella o transformarla, en este contacto la va humanizando, bien por las nuevas realidades promovidas, bien por la designación o nominación y funciones que el hombre le va dando. De este modo, el hombre acumula sobre la realidad prístina, original o virgen, la memoria del mismo hombre, en tatuajes invisibles, sensibles, emocionales o reflexivos, así como las funciones o usos que de ella hace.
Según la filosofía de la praxis, en ese proceso, el hombre se transforma simultáneamente a sí mismo en sus “condiciones internas”.
Pues bien, aquella realidad virgen, no humanizada, es la realidad cosa, y la otra, la realidad objeto. Mejor será decir que lo cósico o lo objetivo vienen a ser una condición, y una condición no permanente, sino permutable o mudable, teniendo en cuenta que una realidad objeto puede ser percibida como cosa mediante la epojé o suspensión de su valor objetivo, y viceversa, una realidad cosa ser percibida como objetiva, aunque se encuentre en estado natural, haciendo uso de ella, como en el caso clásico (A. Moles) de la piedra como pisapapel.
A lo cual añado tres cosas: a) Que la realidad en condición objetiva tiene por instrumento de significación el SIGNO, con su Significante y su Significado, y corresponde al conocimiento conocido; por eso es significativa y legible;  mientras que la realidad en condición cósica, tiene por instrumento el INDICIO, con su Indicante y su Indicado, y, por ello, este instrumento es de indicación, no de significación; b) Que, si nos damos cuenta de que la realidad en condición cósica, natural o ocasional, es algo inédito, misterioso y desconocido o por conocer por parte del hombre, esa realidad reviste, como condición de conocimiento, las características del indicio, dado que posee indicante conocido e indicado por conocer. Y c) Que, en tal sentido, al ser la realidad en su dimensión cósica o indicial desconocida y por conocer, es, por tal virtud, campo fértil para la investigación original, o sea, para alcanzar conocimiento nuevo, es decir, Conocimiento; en tanto que la realidad objeto, siendo legible como es, resulta, por ello, generadora de mero conocimiento conocido o Re-conocimiento, dado que su información se encuentra incorporada, de manera explícita, al universo cultural del hombre.
Y le digo legible, sencillamente porque, al haberle puesto nombre o signo, aun desde la sola oralidad, la podemos leer, intercambiando información escrita u oral.
La Filosofía de la Fenomenología le dedica un capítulo importante a este aspecto de la alternancia de las condiciones objetiva o cósica, al tratar la categoría de la epojé o suspensión del conocimiento para emprender una nueva visión de la realidad o del estado del arte de esta. La epojé o suspensión (en griego) ocurre cuando le aislamos a la realidad su dimensión legible de objeto para recuperarle su ipseidad, su condición cósica. El experimento lo podemos aplicar en una realidad que realmento no conocemos o en cualquiera otra conocida, al suspenderle su tradición cutural, estado del arte, funciones, apreciaciones, usos.

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