miércoles, 15 de abril de 2015

LITERATURAS DEL OBJETO Y LA COSA. Borrador 1


Connotación, Barroco y Undoing.
Otto Ricardo-Torres
I
Roland Barthes en sus Ensayos Críticos le dedica varios capítulos a lo que él llama Literatura objetual o Literatura literal o Mundo objeto y, en la Francia de entonces, Objetalismo, movimiento en el que se dio un boom magnífico de literatura y de cine.
En rigor, estos objetalismos corresponden, con otro enfoque, a la literatura de la cosa, no del objeto. Según he podido averiguar, tanto Barthes como este grupo adoptan en su objetalismo el punto de vista del objeto óptico, aislado, como en la operación óptica, de toda contaminación figurativa, en ensayos, novelas, cine. … A. Robbe.Grillet, Michel Butor, A. Reznais, M. Duras, del grupo de la nueva novela francesa.
Están en su derecho, por supuesto, y lo ejercen con magnífica lucidez, sino que no se inmiscuyen con la Sociología del Objeto, que es mi punto de partida y fundamento. No obstante, pondero y exalto ese característico esplendor suave de la ensayística francesa, así como el, no por fugaz menos seguro e innovador, de la narrativa y el cine en esta nueva pauta retórica de vanguardia.
Brevemente, un repaso a la teoría de la Sociología del objeto, con algunas ñapas que le agrego.
Empiezo por precisar que los vocablos cosa y objeto, en la oposición objeto/cosa, son categorías de uso especializado en sociología y en filosofía de este tipo, y no empleo circunstancial.
Cosa es el categorema empleado para designar (mejor sería decir para indicar) toda realidad no humanizada. Sabido es que el hombre en su proceso histórico, al enfrentarse a la naturaleza para convivir con ella o transformarla, en este contacto la va humanizando, bien por las nuevas realidades promovidas, bien por la designación o nominación y funciones que el hombre le va dando. De este modo, el hombre acumula sobre la realidad prístina u original, virgen, la memoria del nombre que le da a cada realidad, así como las funciones o usos que hace de ella, junto con los sentimiento y emociones que le va impregnando.
Aquella realidad todavía no humanizada es la realidad cosa, y la otra, la realidad objeto. A lo cual añado que, si nos damos cuenta de que la realidad sin nombre ni funciones es algo inédito, misterioso y desconocido o por conocer por parte del hombre, esa realidad reviste las características del indicio, dado que no posee significado conocido sino cognoscible; a diferencia de la otra realidad, en su dimensión objeto, que ya está incorporada a la significación dada por y para el hombre. En tal sentido, la realidad en su dimensión cósica o indicial nos es desconocida y, por tal virtud, es campo fértil para la investigación original, o sea, para alcanzar conocimiento nuevo, es decir, conocimiento, en tanto que la realidad objeto sí es legible y, por lo tanto, generadora de mero conocimiento conocido o re-conocimiento, dado que se encuentra incorporada al universo cultural del hombre.
Y legible, sencillamente porque, al haberle puesto nombre o signo, la podemos leer. A partir del momento en que al durzno lo bautizamos con ese nombre, ya no nos será fácil recuperarlo en su dimensión virgen, sin nombre, en la mansión de su en sí. Tampoco uno es el nombre, ni el registro civil, ni la hoja de vida; sin embargo, no nos reconocen de otro modo, en nuestro modo de ser natural, anónimo.
La Filosofía de la Fenomenología le dedica un capítulo importante a este aspecto, al tratar la categoría de la epojé o suspensión del conocimiento para emprender una nueva visión de la realidad o del estado del arte de esta. La epojé o suspensión (en griego) ocurre cuando le aislamos a la realidad su dimensión legible u objeto para recuperarle su ipseidad, su condición natural cósica. El experimento lo podemos aplicar en una realidad que realmento no conocemos o en cualquiera otra conocida, al suspenderle su tradición cutural, estado del arte, funciones, apreciaciones, usos.
Apoyándome en estas dos dimensiones de la realidad con la que el hombre se enfrenta generación tras generación, he venido proponiendo que en el país se promuevan y desarrollen los dos tipos de lafabetización desde temprana edad, la ALFABETIZACIÓN SÍGNICA, BASADA EN LA REALIDAD OBJETO, que es la que se ha empleado siempre, y la ALFABETIZACIÓN INDICIAL O SOBRE LA COSA O EL MUNDO DE INDICIOS, habida cuenta de que la primera se limita a ponerle nombres a las cosas, darle uso y funciones a esa realidad designada o significada, con lo cual el hombre logra apropiarse de la cultura universal mediante la escritura, pero con la limitación de que su desarrollo en este único escenario epistemológico lo llevará a lo sumo a RE-CONOCER, es decir, a conocer conocimiento conocido, y no a CONOCER, vale decir, no a lograr conocimiento nuevo, en lo personal o en lo institucional.
Pues bien, con base en lo anterior, en lo tocante al arte, he propuesto y realizado también en algunos de mis seminarios, la generación de dos nuevas actividades, que ya me han efectuado alumnos de postgrado sobre a) LA PERCEPCIÓN SEMIÓTICA y b) LA PERCEPCIÓN SEMÁNTICA O DE LA MEMORIA.
La primera, para el ejercicio de la observación no subjetiva, o sea, no objetual sino cósica, de la realidad, y la segunda, para el ejercio de la memoria subjetiva, mediante las asociaciones y reminiscencias de cualquier realidad que contemplemos.  En parte, soy deudor de esta idea, descontando los ‘remiendos’ que le introduje, al filósofo belga Henri Van Lier.
Hago un paréntesis para señalar que, en el contexto de estas palabras y de la Sociología del Objeto, objetivo y subjetivo vendrían a ser sinónimos, si tenemos en cuenta que lo objetivo corresponde ahora a la realidad humanizada. Toda la cultura o “conjunto de tradiciones sociales”, corresponde a la realidad humanizada. El sentido común y aun de otra filosofía y epistemologías en general de objetivo, que lo oponen a subjetivo, queda entre paréntesis ahora, porque ni siquiera corresponde a la cosa.
Estos ejercicios de percepción absolutamente subjetiva o de la realidad objeto, sin ningún límite para el empleo deliberado de las reminiscencias personales (percepción semántica), así como su opuesto, el de percepción absolutamente no subjetiva (percepción semiótica), educan enormente la capapacidad de autoconocimiento, de re-conocimiento y de conocimiento en quienes los practiquen. Me consta, sin falsas modestias.
Toda la literatura de la Generación del 98 en España y mucha de la que se desarrolló en Europa por esa época (el Einfühlung, por ejemplo), es literatura de la recuperación histórica de España, y consistió en revivir la memoria emocional, sentimental y gloriosa que dicha geografía e historia poseían para el español, en un momento en que este país venía de sufrir la última pérdida de sus colonias ultramarinas.
En Colombia, ha habido escasas expresiones de esta literatura en la prosa de la memoria sentimiental, emocional o histórica, o sea, la de la percepción semántica. Los dos casos más notables serían –dicho por ahora- los de Jaime Paredes Pardo en el Cauca y los de Eduardo Caballero Calderón en el altiplano cundiboyacense, con sus dos encantadores libritos, Tipacoque y Diario de Tipacoque.
Un ejercicio de este tipo en las dos direcciones nos llevaría a recorrer y re-conocer el itinerario emocional e histórico del país y de cada uno de nosotros (opción b), así como al conocimiento más claro de nuestro entorno (opción a), indudablemente perturbado por la mirada que prefiere saber cómo se llama y para qué se usa la realidad, a cambio de saber qué es en sí esa realidad.
La EXPEDICIÓN BOTÁNICA hizo esto último, percibir semióticamente la realidad, o sea, tal cual era/es, que dio origen al conocimiento científico en el Nuevo Reino de Granada y, a partir de este, a la valoración de nuestra realidad a la que más tarde le cantaría en su Tierra de Promisión José Eustasio Rivera, mediante su percepción del tipo b.
Con absoluta seguridad, estos laboratorios o talleres estimulan y fecundan la escritura en actividades reflexivas o artísticas. De ellos, resulta inevitable la producción de ensayos, poemarios, bocetos pictóricos o musicales, teatrales, por parte de cada participante. La clave está en la inducción previa de la pauta gnoseológica, para saber con claridad el modelo que hemos de aplicar.

Otto Ricardo-Torres
Casa Esenia, abril 15 del 2015.

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