jueves, 30 de abril de 2015

Voy a referirme a La Libertad.


 
Voy a referirme a LA LIBERTAD, pero de manera personal. Son mis verdades acerca de Ella, la experiencia que me ha dejado. Digo, pues, que La Libertad es el camino que está EN uno y que lo conduce a uno. Nada más hay que usarla y atreverse a emplearla.
La Libertad es cuestión de atreverse. Y la batalla, y los riesgos, se libran en uno. Silenciosamente. Una de las cuatro Reglas del Tetragrammatón le conciernen, cual es la del atreverse, OSAR (SABER, HACER, CALLAR, son las tres restantes). Del atreverse a emplearla, depende el atrevernos a SER. Por donde podrán ir infiriendo que lo que nos nace es La Libertad. Uno nace, pero La Libertad nos nace, nos nace a nuestra identidad. Y el nacerse es propio de los INICIADOS. Y los INICIADOS son los que han descubierto el sendero del Espíritu, o sea, el camino interior. De ahí IN IRE, ‘ir por dentro’, que es lo propio del ser iniciado. Concluyo esta parte considerando que todo aquel que ha sido capaz de emplear La Libertad es, por eso ya, un ser iniciado, con mandil o sin él.
Así que, para nacerse, hay que vencerse. Es verdad que nacemos inocentes, como los ángeles. Pero nacemos de ese modo para tener una evidencia de nuestro estado natural en la vida de donde venimos. El trayecto, El Valle, es distinto, pues hay que vivirlo a pulso. Conjeturo que la lección natural es la de que, si somos capaces de emplear La Libertad para pulir nuestra piedra bruta, esto es, para vencernos, la iniciación nos será dada como un salario de luz para encontrarnos con uno mismo en nuestra inocencia eterna, prefigurada en la niñez.
“La inocencia es la sabiduría de lo múltiple”, dijo el filósofo. El niño, como los ángeles, son sabios, inocentes, sin culpa. De modo que la cúpula o cúspide de la sabiduría es la inocencia.
Por la época en que las Logias lanzaron al mundo sus tres puntos gloriosos de LIBERTAD, IGUALDAD, FRATERNIDAD, reinaban la metafísica oscuridad y los imperios dinásticos. Napoleón empuñó la espada y de ahí surgieron otras batallas de Libertad, las de las Américas, entre otras.
Implico entonces la idea de que nada es fácil en las tareas, en los escenarios de La Libertad. Todo lo contrario, la ley es la de que, si de Libertad se trata, su camino es, de los dos, el más difícil. Cuando en una sociedad rige el espíritu de La Libertad, hay rectitud, honestidad, buen gobierno, autogobierno, conducta honorable, con o sin ruido de espadas. La vida licenciosa, tramposa, corrupta, embustera, inequitativa, despótica, de los pueblos y sociedades, denuncia falta del principio riguroso y recto de La Libertad.
La Libertad me condujo a mí y, al encontrarme, y solo entonces, encontré a Dios. Sin Ella, en mí había dogma, fe miedosa, confesión por la obligada sumisión al qué dirán. Ahora siento que Dios está contento conmigo –y yo con Él- y que, de alguna manera, me ha venido diciendo que Él no recibe Allá a los pusilánimes, logreros, corruptos, oportunistas, dogmáticos, negociantes de la fe, sino a los seres libres, y que –sigue diciendo Él- si son libres sin ruido, tanto mejor.
Entonces se me hizo claro lo de la “chispa divina” en cada uno, en cada entidad o cosa de todo lo que existe. Esa chispa esencial, más pequeña que un punto, es la Vida, la eternidad y el infinito en uno, en lo que nos hemos de convertir al evolucionar la vida en uno. Y en tal chispa vive Dios, EN UNO. De modo que, estando en uno, a) Uno debe buscarlo y encontrarlo, no leyendo ni preguntándolo a terceros, ni fotocopiándolo ni calcándolo del de otros, y b) Hablar y confiar en Él, en Su Logos de boca a oreja, ya que, dada su omnipotencia, Él no necesita mandarle razones a uno acerca de lo que tiene que decirnos. Nuestra condición debe ser la de “tener ojos y oídos para ver y oír”, para saber verlo, para saberlo escuchar. Por muy erudita que sea la fuente o la interlocución externa, nunca podrá ni deberá suplantar a nuestra Fuente interna. Debemos sí, saber ir, saber ver, saber oír, sin pedantería, sino con seguridad en la Fuente. De tal situación o circunstancia proviene mi decir, a saber: QUE LA VERDAD ES EN UNO, NO DE UNO.

Otto Ricardo-Torres
Casa Esenia, abril 30 del 2015.

lunes, 20 de abril de 2015

LITERATURAS DEL OBJETO Y LA COSA. IB


Connotación, Barroco y Undoing.

(Nota para mi Muro en facebook. El segmento IA ya fue publicado aquí en estos días recientes. Está en mi blog, en unidad con este segmento IB).

B
Pues bien, con base en lo anterior, en lo tocante al conocimiento nuevo y el arte, he propuesto y realizado también en algunos de mis seminarios, la generación de dos nuevas actividades, que ya me han efectuado alumnos de postgrado sobre a) LA PERCEPCIÓN SEMIÓTICA y b) LA PERCEPCIÓN SEMÁNTICA O DE LA MEMORIA.
La primera, para el ejercicio de la observación no subjetiva, o sea, no objetual sino cósica, de la realidad, y la segunda, para el ejercio de la memoria subjetiva, mediante las asociaciones y reminiscencias de cualquier realidad que contemplemos.  En parte, soy deudor de esta idea, descontando los ‘remiendos’ que le introduje, al filósofo belga Henri Van Lier.

A la vez, apoyándome en estas dos dimensiones de la realidad con la que el hombre se enfrenta generación tras generación, he venido proponiendo que en el país se promuevan y desarrollen los dos tipos de lafabetización desde temprana edad, la ALFABETIZACIÓN SÍGNICA, BASADA EN LA REALIDAD OBJETO, que es la que se ha empleado siempre, y la ALFABETIZACIÓN INDICIAL O SOBRE LA COSA O EL MUNDO DE INDICIOS, habida cuenta de que la primera se limita a ponerle nombres a las cosas, darle uso y funciones a esa realidad designada o significada, con lo cual el hombre logra apropiarse de la cultura universal mediante la escritura, pero con la limitación de que su desarrollo en este único escenario epistemológico lo llevará a lo sumo a RE-CONOCER, es decir, a conocer conocimiento conocido, y no a CONOCER, vale decir, no a lograr conocimiento nuevo, en lo personal o en lo institucional.

Estos ejercicios de percepción absolutamente subjetiva o de la realidad objeto, sin ningún límite para el empleo deliberado de las reminiscencias personales (percepción semántica), así como su opuesto, el de percepción absolutamente no subjetiva (percepción semiótica), educan enormente la capapacidad de autoconocimiento, de re-conocimiento y de conocimiento en quienes los practiquen. Me consta, sin falsas modestias.
Toda la literatura de la Generación del 98 en España y mucha de la que se desarrolló en Europa por esa época (el Einfühlung, por ejemplo), es literatura de la recuperación histórica de España, y consistió en revivir la memoria emocional, sentimental y gloriosa que dicha geografía e historia poseían para el español, en un momento en que este país venía de sufrir la última pérdida de sus colonias ultramarinas.
En Colombia, ha habido escasas expresiones de esta literatura en la prosa de la memoria sentimiental, emocional o histórica, o sea, la de la percepción semántica. Los dos casos más notables serían –dicho por ahora- los de Jaime Paredes Pardo en el Cauca y los de Eduardo Caballero Calderón en el altiplano cundiboyacense, con sus dos encantadores libritos, Tipacoque y Diario de Tipacoque.
Un ejercicio de este tipo en las dos direcciones nos llevaría a recorrer y re-conocer el itinerario emocional e histórico del país y de cada uno de nosotros (opción b), así como al conocimiento más claro de nuestro entorno (opción a), indudablemente perturbado por la mirada que prefiere saber cómo se llama y para qué se usa la realidad, a cambio de saber qué es en sí esa realidad.
La EXPEDICIÓN BOTÁNICA hizo esto último, percibir semióticamente la realidad, o sea, tal cual era/es, que dio origen al conocimiento científico en el Nuevo Reino de Granada y, a partir de este, a la valoración de nuestra realidad a la que más tarde le cantaría en su Tierra de Promisión José Eustasio Rivera, mediante su percepción del tipo b.
Con absoluta seguridad, estos laboratorios o talleres estimulan y fecundan la escritura en actividades reflexivas o artísticas. De ellos, resulta inevitable la producción de ensayos, poemarios, bocetos pictóricos o musicales, teatrales, por parte de cada participante. La clave está en la inducción previa de la pauta gnoseológica, para saber con claridad el modelo que hemos de aplicar.
Otto Ricardo-Torres
Casa Esenia, abril 15-17 del 2015.

viernes, 17 de abril de 2015

LITERATURAS DEL OBJETO Y LA COSA


Connotación, Barroco y Undoing.
Otto Ricardo-Torres
I
Cuestiones preliminares.

Con estas palabras empiezo a tratar por la orillita el tema, entreverándole aspectos atinentes al mismo con observaciones personales sobre la marcha.

A
En general, podría decirse que hay tres usos distintos o tres campos conceptuales del objeto. Uno es el más corriente, que es el de la oposición sujeto/objeto, subjetividad/objetividad.. Otro, el que emplean Roland Barthes y el grupo del  Objetalismo francés, con cuyo enfoque se produjeron brillantes ensayos, de Barthes, Robbe-Grillet, Michel Butor, que conozco, más una excelente producción en narrativa y en cine. Este es el enfoque basado en el punto de vista de la Óptica, del sentido óptico del Objeto, circunstancia en la cual el sujeto de la operación óptica es la cámara, no el ojo humano. O sea, el ojo humano, la subjetividad actuando al modo del ojo de la cámara óptica. Por tal virtud, este objeto, con sentido destinto del primero, más bien resulta muy próximo, aunque no coincidente, con una de las categorías del tercer grupo. Y el último grupo, que es el de la Sociología del Objeto, que emplea la oposición cosa/objeto,  y que es el que he venido siguiendo, con uno que otro remiendo personal.
Dado que me dirijo a un interlocutor aprendiz como yo, cometeré frecuentes pausas, digresiones, para ir explicando algunas ideas convenientes. Estarán marcadas por los párrafos con indentaciones o márgenes de entrada mayores que los empleados en el resto de la exposición.
Un aspecto importante en la sola mención de tres campos semánticos distintos sobre el objeto, es advertir que ponen en evidencia el haberse hecho conciencia de que la objetividad del sentido común no es única, sino que hay otras objetividades más objetivas que esa de la tradición y, con estas, distintas subjetividades correlacionadas con cada una de ellas. El Sujeto cognoscente no se mantiene igual, sino que tiene que estarse adaptando a cada correlación perceptiva. En otras palabras, la presencia de tres campos semánticos sobre el objeto implica, de manera necesaria, esas mismas tres presencias del sujeto para correlacionarse con cada una de las 3 objetividades. Y esto es ya una zancada importante en el escenario del conocimiento para las ciencias, la historia, el arte, la etnografía del habla, la psico-sociología y, sobre todo, para las artes y la filosofía, que es a la que le debemos estas vislumbres y aportes.
Dejemos por sabido el sentido de objeto en la oposición corriente, como la antinomia o lo opuesto de subjetivo. Y pasemos al segundo caso.
Así, cuando Roland Barthes (RB) y los ensayistas y novelistas de le nouveau roman hablan de objeto u objetalismo, el sentido es el de la insobornable transparencia de lo percibido, al modo del lente de la cámara óptica, fotográfica o fílmica, sin el menor riesgo de que la subjetividad se inmiscuya. Desde allí, RB en sus brilantes Ensayos Críticos le dedica varios capítulos a lo que él llama Literatura objetual o Literatura literal o Mundo objeto.
Aunque quisiera, no hago mención de los ensayos de Robbe-Grillet ni de los de Michel Butor sobre esta materia, por respeto a la brevedad en facebook.
Si les parece, les ofrezco la siguiente hipótesis de lectura de aquellos poemas conversacionales de T. S. Eliot, así como de otros de similar estilo en Jaime Sabines. Es esta. El secreto de su encanto podría fundarse en la combinación simultánea de las dos subjetividades: La subjetividdad cero que emplea el punto de vista del ojo como cámara óptica, y la subjetividad del sujeto humano, con el aporte discreto de sus tonalidades o pinceladas de asociaciones emocionales. Estoy seguro de que funciona.
Lo expuesto sobre el objeto quiere decir que hay que entenderlo con precisión en el contexto del sistema teórico en que se emplea, sin posibilidad de trastear su sentido a ninguno de los otros mencionados. Lo que importa a mis propósitos, con base en la clarificación que vengo de hacer, es que la antinomia u oposición cosa/objeto totaliza el universo artístico a lo largo de la geografía y del tiempo, aunque no se le haya dado una apreciación global desde este punto de vista que aquí y ahora empleo.
Finalmente, la oposición cosa/objeto, según LA SOCIOLOGÍA DEL OBJETO , se puede consultar en los siguientes autores, entre otros, seguramente, a saber: Abraham A. Moles, Jean Baudrillard, Pierre Boudon, Henri Van Lier, Eberhard Wahl, Violette Mourin, más las bibliografías que cada uno de estos autores nos aportan en sus ensayos sueltos y libros.
Los que se acercan al conocimiento en condición de discípulos y no de alumnos han logrado saber o sabrán que cuando se da el primer paso en forma debida en el camino del conocimiento, la erudición es un puerto de llegada, no de partida, y que ella viene a uno de manera inevitable, siempre y cuando no la estemos procurando. Generalmente, una cosa nos lleva a otra y a otras de manera infinita. La llamada cadena mística opera en todo, siempre y cuando nos acerquemos al conocimiento en condición de discípulos y no de alumnos, ni mucho menos con la predisposición de enseñar y no de aprender. Lo tóxico es empezar a investigar atragantados de erudición.
La oposición cosa/objeto en la SOCIOLOGÍA DEL OBJETO, con las ñapas ya dichas es, brevemente, esta:
Cosa es el categorema empleado para designar (mejor sería decir para indicar) toda realidad no humanizada.
Sabido es que el hombre en su proceso histórico, al enfrentarse a la naturaleza para convivir con ella o transformarla, en este contacto la va humanizando, bien por las nuevas realidades promovidas, bien por la designación o nominación y funciones que el hombre le va dando. De este modo, el hombre acumula sobre la realidad prístina, original o virgen, la memoria del mismo hombre, en tatuajes invisibles, sensibles, emocionales o reflexivos, así como las funciones o usos que de ella hace.
Según la filosofía de la praxis, en ese proceso, el hombre se transforma simultáneamente a sí mismo en sus “condiciones internas”.
Pues bien, aquella realidad virgen, no humanizada, es la realidad cosa, y la otra, la realidad objeto. Mejor será decir que lo cósico o lo objetivo vienen a ser una condición, y una condición no permanente, sino permutable o mudable, teniendo en cuenta que una realidad objeto puede ser percibida como cosa mediante la epojé o suspensión de su valor objetivo, y viceversa, una realidad cosa ser percibida como objetiva, aunque se encuentre en estado natural, haciendo uso de ella, como en el caso clásico (A. Moles) de la piedra como pisapapel.
A lo cual añado tres cosas: a) Que la realidad en condición objetiva tiene por instrumento de significación el SIGNO, con su Significante y su Significado, y corresponde al conocimiento conocido; por eso es significativa y legible;  mientras que la realidad en condición cósica, tiene por instrumento el INDICIO, con su Indicante y su Indicado, y, por ello, este instrumento es de indicación, no de significación; b) Que, si nos damos cuenta de que la realidad en condición cósica, natural o ocasional, es algo inédito, misterioso y desconocido o por conocer por parte del hombre, esa realidad reviste, como condición de conocimiento, las características del indicio, dado que posee indicante conocido e indicado por conocer. Y c) Que, en tal sentido, al ser la realidad en su dimensión cósica o indicial desconocida y por conocer, es, por tal virtud, campo fértil para la investigación original, o sea, para alcanzar conocimiento nuevo, es decir, Conocimiento; en tanto que la realidad objeto, siendo legible como es, resulta, por ello, generadora de mero conocimiento conocido o Re-conocimiento, dado que su información se encuentra incorporada, de manera explícita, al universo cultural del hombre.
Y le digo legible, sencillamente porque, al haberle puesto nombre o signo, aun desde la sola oralidad, la podemos leer, intercambiando información escrita u oral.
La Filosofía de la Fenomenología le dedica un capítulo importante a este aspecto de la alternancia de las condiciones objetiva o cósica, al tratar la categoría de la epojé o suspensión del conocimiento para emprender una nueva visión de la realidad o del estado del arte de esta. La epojé o suspensión (en griego) ocurre cuando le aislamos a la realidad su dimensión legible de objeto para recuperarle su ipseidad, su condición cósica. El experimento lo podemos aplicar en una realidad que realmento no conocemos o en cualquiera otra conocida, al suspenderle su tradición cutural, estado del arte, funciones, apreciaciones, usos.

miércoles, 15 de abril de 2015

LITERATURAS DEL OBJETO Y LA COSA. Borrador 1


Connotación, Barroco y Undoing.
Otto Ricardo-Torres
I
Roland Barthes en sus Ensayos Críticos le dedica varios capítulos a lo que él llama Literatura objetual o Literatura literal o Mundo objeto y, en la Francia de entonces, Objetalismo, movimiento en el que se dio un boom magnífico de literatura y de cine.
En rigor, estos objetalismos corresponden, con otro enfoque, a la literatura de la cosa, no del objeto. Según he podido averiguar, tanto Barthes como este grupo adoptan en su objetalismo el punto de vista del objeto óptico, aislado, como en la operación óptica, de toda contaminación figurativa, en ensayos, novelas, cine. … A. Robbe.Grillet, Michel Butor, A. Reznais, M. Duras, del grupo de la nueva novela francesa.
Están en su derecho, por supuesto, y lo ejercen con magnífica lucidez, sino que no se inmiscuyen con la Sociología del Objeto, que es mi punto de partida y fundamento. No obstante, pondero y exalto ese característico esplendor suave de la ensayística francesa, así como el, no por fugaz menos seguro e innovador, de la narrativa y el cine en esta nueva pauta retórica de vanguardia.
Brevemente, un repaso a la teoría de la Sociología del objeto, con algunas ñapas que le agrego.
Empiezo por precisar que los vocablos cosa y objeto, en la oposición objeto/cosa, son categorías de uso especializado en sociología y en filosofía de este tipo, y no empleo circunstancial.
Cosa es el categorema empleado para designar (mejor sería decir para indicar) toda realidad no humanizada. Sabido es que el hombre en su proceso histórico, al enfrentarse a la naturaleza para convivir con ella o transformarla, en este contacto la va humanizando, bien por las nuevas realidades promovidas, bien por la designación o nominación y funciones que el hombre le va dando. De este modo, el hombre acumula sobre la realidad prístina u original, virgen, la memoria del nombre que le da a cada realidad, así como las funciones o usos que hace de ella, junto con los sentimiento y emociones que le va impregnando.
Aquella realidad todavía no humanizada es la realidad cosa, y la otra, la realidad objeto. A lo cual añado que, si nos damos cuenta de que la realidad sin nombre ni funciones es algo inédito, misterioso y desconocido o por conocer por parte del hombre, esa realidad reviste las características del indicio, dado que no posee significado conocido sino cognoscible; a diferencia de la otra realidad, en su dimensión objeto, que ya está incorporada a la significación dada por y para el hombre. En tal sentido, la realidad en su dimensión cósica o indicial nos es desconocida y, por tal virtud, es campo fértil para la investigación original, o sea, para alcanzar conocimiento nuevo, es decir, conocimiento, en tanto que la realidad objeto sí es legible y, por lo tanto, generadora de mero conocimiento conocido o re-conocimiento, dado que se encuentra incorporada al universo cultural del hombre.
Y legible, sencillamente porque, al haberle puesto nombre o signo, la podemos leer. A partir del momento en que al durzno lo bautizamos con ese nombre, ya no nos será fácil recuperarlo en su dimensión virgen, sin nombre, en la mansión de su en sí. Tampoco uno es el nombre, ni el registro civil, ni la hoja de vida; sin embargo, no nos reconocen de otro modo, en nuestro modo de ser natural, anónimo.
La Filosofía de la Fenomenología le dedica un capítulo importante a este aspecto, al tratar la categoría de la epojé o suspensión del conocimiento para emprender una nueva visión de la realidad o del estado del arte de esta. La epojé o suspensión (en griego) ocurre cuando le aislamos a la realidad su dimensión legible u objeto para recuperarle su ipseidad, su condición natural cósica. El experimento lo podemos aplicar en una realidad que realmento no conocemos o en cualquiera otra conocida, al suspenderle su tradición cutural, estado del arte, funciones, apreciaciones, usos.
Apoyándome en estas dos dimensiones de la realidad con la que el hombre se enfrenta generación tras generación, he venido proponiendo que en el país se promuevan y desarrollen los dos tipos de lafabetización desde temprana edad, la ALFABETIZACIÓN SÍGNICA, BASADA EN LA REALIDAD OBJETO, que es la que se ha empleado siempre, y la ALFABETIZACIÓN INDICIAL O SOBRE LA COSA O EL MUNDO DE INDICIOS, habida cuenta de que la primera se limita a ponerle nombres a las cosas, darle uso y funciones a esa realidad designada o significada, con lo cual el hombre logra apropiarse de la cultura universal mediante la escritura, pero con la limitación de que su desarrollo en este único escenario epistemológico lo llevará a lo sumo a RE-CONOCER, es decir, a conocer conocimiento conocido, y no a CONOCER, vale decir, no a lograr conocimiento nuevo, en lo personal o en lo institucional.
Pues bien, con base en lo anterior, en lo tocante al arte, he propuesto y realizado también en algunos de mis seminarios, la generación de dos nuevas actividades, que ya me han efectuado alumnos de postgrado sobre a) LA PERCEPCIÓN SEMIÓTICA y b) LA PERCEPCIÓN SEMÁNTICA O DE LA MEMORIA.
La primera, para el ejercicio de la observación no subjetiva, o sea, no objetual sino cósica, de la realidad, y la segunda, para el ejercio de la memoria subjetiva, mediante las asociaciones y reminiscencias de cualquier realidad que contemplemos.  En parte, soy deudor de esta idea, descontando los ‘remiendos’ que le introduje, al filósofo belga Henri Van Lier.
Hago un paréntesis para señalar que, en el contexto de estas palabras y de la Sociología del Objeto, objetivo y subjetivo vendrían a ser sinónimos, si tenemos en cuenta que lo objetivo corresponde ahora a la realidad humanizada. Toda la cultura o “conjunto de tradiciones sociales”, corresponde a la realidad humanizada. El sentido común y aun de otra filosofía y epistemologías en general de objetivo, que lo oponen a subjetivo, queda entre paréntesis ahora, porque ni siquiera corresponde a la cosa.
Estos ejercicios de percepción absolutamente subjetiva o de la realidad objeto, sin ningún límite para el empleo deliberado de las reminiscencias personales (percepción semántica), así como su opuesto, el de percepción absolutamente no subjetiva (percepción semiótica), educan enormente la capapacidad de autoconocimiento, de re-conocimiento y de conocimiento en quienes los practiquen. Me consta, sin falsas modestias.
Toda la literatura de la Generación del 98 en España y mucha de la que se desarrolló en Europa por esa época (el Einfühlung, por ejemplo), es literatura de la recuperación histórica de España, y consistió en revivir la memoria emocional, sentimental y gloriosa que dicha geografía e historia poseían para el español, en un momento en que este país venía de sufrir la última pérdida de sus colonias ultramarinas.
En Colombia, ha habido escasas expresiones de esta literatura en la prosa de la memoria sentimiental, emocional o histórica, o sea, la de la percepción semántica. Los dos casos más notables serían –dicho por ahora- los de Jaime Paredes Pardo en el Cauca y los de Eduardo Caballero Calderón en el altiplano cundiboyacense, con sus dos encantadores libritos, Tipacoque y Diario de Tipacoque.
Un ejercicio de este tipo en las dos direcciones nos llevaría a recorrer y re-conocer el itinerario emocional e histórico del país y de cada uno de nosotros (opción b), así como al conocimiento más claro de nuestro entorno (opción a), indudablemente perturbado por la mirada que prefiere saber cómo se llama y para qué se usa la realidad, a cambio de saber qué es en sí esa realidad.
La EXPEDICIÓN BOTÁNICA hizo esto último, percibir semióticamente la realidad, o sea, tal cual era/es, que dio origen al conocimiento científico en el Nuevo Reino de Granada y, a partir de este, a la valoración de nuestra realidad a la que más tarde le cantaría en su Tierra de Promisión José Eustasio Rivera, mediante su percepción del tipo b.
Con absoluta seguridad, estos laboratorios o talleres estimulan y fecundan la escritura en actividades reflexivas o artísticas. De ellos, resulta inevitable la producción de ensayos, poemarios, bocetos pictóricos o musicales, teatrales, por parte de cada participante. La clave está en la inducción previa de la pauta gnoseológica, para saber con claridad el modelo que hemos de aplicar.

Otto Ricardo-Torres
Casa Esenia, abril 15 del 2015.