martes, 3 de marzo de 2015

IV. Giovanni Quessep, poeta judío. Por Otto Ricardo-Torres.



El origen judío del poeta GIOVANNI QUESSEP es algo extraño para muchos, sobre todo para sus amigos más cercanos, que lo vieron crecer y compartir con familias árabes en Sincelejo. Conservando su estrecho afecto con sus amigos y con el arte árabes, el poeta se enorgullece de su origen judío, en apoyo de lo cual ofrece fuentes bíblicas del Antiguo Testamento. En estas, hay, efectivamente, un Quésed, que después, según Giovanni, durante el imperio otomano, se volvió Quessep. Este Quésed, como podrán verificarlo en la cita de infra, proviene de Najor, hermano del patriarca Abraham.
Su abuelo paterno, también de nombre Jacob, era de origen hebreo, mientras que su abuela paterna, esposa de Jacob, era de origen árabe. Vivieron en el Líbano, el país de Biblos, la ciudad cantada por el poeta Quessep en su poema Cantar del exiliado, único en facsimilar manuscrito en toda su Antología personal, el más reciente de sus libros.
Este poema, Cantar del exiliado, posee realmente un valor emblemático, por “lo que está dentro”, sentido etimológico de ‘emblema’. Según lo que intento mostrar, el poema guarda una definido y claro sentimiento judío, y está nutrido de varias reminiscencias y ecos relativos a esta comunidad.
Observemos en primer lugar su estrecho parentesco con el salmo 137 (ver infra), en fraternal similitud de doliente evocación y arraigo a la heredad solariega lejana, aunque Sión en el salmo y en el poema, Biblos, pero coincidentes en la evocación nostalgica por la ausencia de la amada heredad.
Pero también este poema está nutrido de reminiscencias de los Libros III y IV del Génesis, relacionados con la Historia de Isaac y de Jacob (Libro III) y con la Historia de José, hijo de Jacob y Raquel (Libro IV). El Libro III tiene el nombre de su más lejano ascendiente, Quésed, que en el imperio otomano se volvió Quessep, y el IV, que contiene las fuentes de algunas alusiones a José en el poema, relativas al pozo, a donde fue arrojado por sus hermanos y de donde fue rescatado por los medianitas, mercaderes que lo vendieron a otros, los ismaelitas que, a su vez, lo llevaron a Egipto, donde lo vendieron a Putifar, y a la túnica ensangrentada de José.
En efecto, el Libro IV nos dice que los hermanos de José, al no encontrar a este en el pozo donde lo habían arrojado, empaparon la túnica de este con la sangre de un cabrito y así se la llevaron al amoroso padre, Jacob, con la mentira de que seguramente su hermano había sido devorado por las fieras. De manera emblemada, si cabe el término, para significar, tácita, aludida o, como diría el semiólogo francés Récanati, “explícitamente encubierta”, el poeta deja en este poema el testimonio de sus huellas digitales, su ADN ancestral y afectivo.
A raíz de esa complacencia por su origen judío, él se ha documentado al respecto y ofrece, en apoyo de una vieja sospecha mía que siempre le había planteado al poeta, parte de la información que he aducido.
Por tal virtud, en una presentación que le hiciera el escritor William Ospina en la Biblioteca Luis Ángel Arango, este le dijo, palabra más, palabra menos, que “Giovanni Quessep es el único poeta del mundo que, con pruebas en mano, puede demostrar que desciende directamente de Dios”. Las citas en infra (de abajo) dirán el porqué de las palabras de Ospina y de las mías.
En síntesis, por línea de su abuelo paterno, Quésed, o sea, Quessep, desciende de la unión de Milcá y de Najor, hermano de Abraham, el patriarca, padres también de Betuel, “que engendró a Rebeca”, futura esposa de Isaac, hijo de Abraham y Sarah, de donde nacerían Esaú y Jacob, y de Jacob y Raquel, José, el que fue vendido a los comerciantes de Egipto, como quedó dicho.
Este José, el del pozo y la túnica, está aludido en el poema de Giovanni Quessep antes mencionado. He puesto en cursivas las palabras que lo aluden. El canto es, como dice el poema, desde Biblos, la ciudad del Líbano, conquistada por los otomanos y de la que expulsaron a los judíos. Si se compara este poema con el salmo 137 se encontrarán similitudes de estilo, de reminiscencias, de sentimiento de exilio, de nostalgia por la patria y, por ende, de amor a esta, cuya añoranza es causa de la aflicción.
El testimonio y las pruebas que el poeta guarda, entre ellas, una de Isaac Asimov, unidos al carácter que yo he denominado emblemático del poema citado aquí, hablan fehacientemente del origen judío, declarado y consciente, del poeta.
No obstante, sin poner en tela de juicio ese vínculo judío del poeta, justo es reconocer, al tiempo, que, seguramente por la ascendencia árabe por parte de su abuela paterna y de la extendida convivencia de la familia del poeta con el mundo árabe, diría que en su poesía hay también notable influencia de esta cultura. La coexistencia armoniosa de dichas dos líneas culturales se podrá advertir con alguna facilidad en un rastreo por toda su poesía, sin mengua del peso específico de su origen judío.
Me obliga dejar expresada, de manera clara, que las fuentes bíblicas sobre su ascendiente judío se las debo al poeta Giovanni Quessep, a quien se le reconozco y agradezco.
Siguen el poema y las Referencias.
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Cantar del exiliado.

Quiero tornar a Biblos,
“ven al Líbano amada mía, tus ojos son palomas,”
para ser la ventura
entre los tamarindos y la parra.

Jamás el cielo ha sido
tan imposible, nunca
quemado fue por girasoles
y la lluvia de arena.

Tenía yo esa luz, recinto
que presiden las naves como una máscara de proa,
tenía los delfines de piel lunada
y el durazno del fondo que nadie ha visto.

Entonces, ya no puedo
vivir en la desesperanza
en este pozo en que me sepultaron
sin mi túnica de jeroglíficos y pájaros.

Quiero tornar a Biblos,
“tus labios son cinta escarlata y tu hablar melodioso”;
lo demás ya no importa
si amo entre sus calles el mar color de vino.

(Las cursivas –pozo, túnica- son mías, ORT. Los versos entre comillas pertenecen al libro del rey Salomón, Cantar de los Cantares. Para Biblos, ver Isaac Asimov, Historia de Canaán).
Referencias.
I. En Descendencia de  Najor, hermano del patriarca Abraham, se lee (Génesis, Libro III, vs. 22, 20-23):
“Después de estas cosas, se anunció a Abrahán: “También Milcá ha dado hijos a tu hermano Najor: Us, su primogénito; Buz, hermano del anterior, y Quésed, Jazó, Pildás, Yidlaf y Betuel,” (Betuel engendró a Rebeca.) Estos ocho le dio Milcá a Najor, Hermano de Abrahán.”.
En la explicación de Giovanni Quessep, el cambio de Quésed a Quessep se dio por influencia del imperio otomano.
Como dato afectivo y notable, Giovanni señala el del abuelo paterno, también de nombre Jacob, y quien, según el poeta, murió coincidencialmente a la misma edad del patriarca Jacob, a los 106 años. De esto, el poeta se siente justamente orgulloso.
II. Salmo 137, Balada del desterrado.

Junto a los ríos de Babilonia, allí nos sentábamos, y aun llorábamos, acordándonos de Sión.
2 En los álamos de la orilla, colgamos nuestras arpas.

3 Y los que nos habían llevado cautivos nos pedían que cantásemos, y los que nos habían desolado nos pedían alegría, diciendo: Canten para nosotros cánticos de Sión.

4 ¿Cómo podríamos cantar un canto de Yhvé en una tierra extraña?
5 Si me olvidare de ti, Jerusalén, pierda mi brazo su destreza.
6 Se pegue mi lengua al paladar si no me acordare de ti; si no enalteciere a Jerusalén como preferente asunto de mi alegría.

7 Acuérdate, Yhvé, contra la gente de Edom, del día de Jerusalén, cuando decían:
“Arrásenla, arrásenla hasta los cimientos.”
8 Capital de Babel, devastadora, bienaventurado el que pueda devolverte el mal que nos hiciste.
(Versión personal sobre una traducción al español, con omisión del final. Nótese el parecido del título del poema con el subtítulo del salmo: Canto del exiliadoBalada del desterrado. ”Este salmo evoca el recuerdo de la caída de Jerusalén el año 587 y del destierro en Babilonia” (Biblia de Jerusalén). Ver la versión bilingüe hebreo-español, TEHILIM Salmos, a cargo de Ben Ishai, David. Tehilim tehila  ledavid. 1ª. Ed. Buenos Aires: Keter Torá, Traducción de Reuben Sigal, 2005. Por coincidencia que me ha dado alegría, trae como cita, al final de la tapa, debajo del Muro de las Lamentaciones, “Si me olvidare de ti, oh Jerusalem…”, palabras iniciales de este, que ha sido siempre mi salmo preferido). Transcribo el salmo de esta fuente:
1 Junto a los ríos de Babel, allí nos sentamos y también lloramos, acordándonos de Tzión. 2 Sobre los sauces en medio de ella (de Babel) colgamos nuestras liras. 3 Pues allí nuestros captores nos pedían canciones y los que se burlaban de nosotros nos pedían con regocijo: “¡Canten para nostros una de las canciones de Tzión!” 4 ¿Cómo podemos cantar canción de Hashem en suelo extraño? 5 ¡Si me olvidase de ti, Ierushaláim, que mi mano derecha olvide su habilidad! 6 ¡Que mi lengua se pegue a mi paladar si no te recordara, si no recordase a Ierushaláim en mi regocijo! 7 Acuérdate Hashem (contra) los edomitas el día de (la destrucción de) Ierushaláim, cuando dijeron: “¡Arrásenla, arrásenla, hasta los cimientos!” (los edomitas estimularon a los babilónicos a destruir Ierushaláim.) 8 ¡Babel, que has de ser arrasada, alabado aquel que te retribuya lo (malo) que hiciste con nosotros!
(Omito el versículo 9, lo demás es cita textual de la fuente indicada).

III, Giovanni Quessep. Antología personal. 1a. ed. Popayán: Editorial Universidad del Cauca, 2014.

Otto Ricardo-Torres
Casa Esenia, marzo 3 del 2015

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