jueves, 22 de enero de 2015

II. Elementos de Semiótica Poética. Sobre el Contexto.

Otto Ricardo-Torres.

En I quedó dicho que el contexto es parte necesaria e integrante del texto y que, por ende, no hay texto sin contexto ni contexto sin texto. En efecto, el contexto es parte inherente del texto, de este texto, y no de ningún otro texto. El contexto así entendido, es la externidad implicada en el texto, las realidades externas a las cuales el texto, de manera expresiva, alude. Por consiguiente, el o los contextos de un texto se averiguan en el texto y no afuera del texto.
Los llamados “factores objetivos”, equivocadamente tomados como contextos, son, en realidad, entorno, no contexto. Por este malentendido, que ha servido de comodín a los determinismos mecanicistas, se ha estimado que hay contexto sin texto y que el contexto es permanente y válido para cualquier producto humano que se dé en el marco de su escenario.
Entonces, si dejé dicho que no hay contexto sin texto es para significar que es el texto el que define e implica sus propios y respectivos contextos, y no al revés. El contexto no va al texto, pues el contexto no es nada externo al texto, sino la información externa implicada en el texto. Mediante sus contextos, el texto indica o expresa las circunstancias pragmáticas de su enunciación, o también las realidades de la praxis del autor sedimentadas en la conciencia de este; vale decir, la vida íntima del autor, y no necesariamente la vida consciente, declarada o asumida racional o públicamente. Así entendido, el contexto desoculta las “condiciones internas” dadas en la conciencia del autor, así como el grado y modo de la sensibilidad del autor en relación con determinada realidad.
Por tal virtud, es en el texto y en los contextos de este donde se expresa la biografía íntima, real, del autor, circunstancia de la cual el autor-creador no es, general ni necesariamnete, consciente, para fortuna de la obra de arte. Generalmente, cuando hay genialidad de por medio, el autor-no autor, el de civil, no es consciente de las creaciones de su homónimo, el autor-autor, el autor-creador o autor-poeta. Este crea a fuerza de ingresar, con lucidez de ciego, en la atmósfera sonámbula e inconsciente del caos, donde habita lo inédito.
Por qué estas vehementes precisiones. Porque generalmente se ha venido confundiendo contexto con entorno, y esta confusión proviene, más o menos, del determinismo de Hipólito Taine, o positivismo mecanicista, según el cual los factores de raza, economía, época, geografía, condición social DETERMINAN (al modo de un input/output en una fábrica de chorizos) el producto social, la respuesta del ser humano a necesidades determinadas. Desde ese punto de vista, para estudiar al ser humano y a sus producciones culturales, académicas, artísticas, filosóficas, políticas, científicas, etcétera, se procedía, no desde el ser humano, en sí, ni de sus producciones, a efecto de identificarlos a uno u otras, sino desde los factores externos, o sea, el entorno. Dados estos factores, estimados como DETERMINANTES, se deducía, mediante conclusión inapelable, un producto DETERMINADO y previsible, en una ecuación de identidad entre lo determinante y lo determinado. Los sociologismos, entre estos la crítica sociológica marxista fue, de manera general, de este enfoque. Fue y es. Y fue y es a pesar de las posiciones muy claras de Lenín y del científico de la Academia de Ciencias de la URSS, S. L. Rubinstein, en EL PENSAMIENTO Y LOS CAMINOS DE SU INVESTIGACIÓN, de su obra EL SER Y LA CONCIENCIA, a ese respecto. Según este –SLR-, “los factores externos influyen [no determinan] pero mediante los factores internos”. Con lo cual se rescata el valor creador del individuo y la opción de su libertad para responder, de manera autónoma, y no sumisa ni determinista, a las influencias externas.
El entorno, pues, no constituye, de manera fatal ni de ninguna otra, contexto. Un entorno puede ser común a varios textos, pero el contexto siempre le es inherente a un, su respectivo texto. Con lo cual se concluye que el contexto se averigua en el seno del texto y no fuera de él. Una vez identificado el o los contextos del texto, ya podemos proceder a establecer qué grado de identidad o de creatividad hubiere en el contexto con respecto a la realidad externa contextualizada.
Valga saber, contra el facilismo determinista, el del entorno como contexto, que en una misma época, en una misma zona de fechas, se dan productos humanos diferentes e incluso antagónicos. Las historias de las literaturas –todas las de Colombia y la mayoría de las del mundo- adoptan el falso presupuesto de una identidad literaria por fechas, por siglos, por etapas históricas, en clara exposición de un determinismo histórico.
De otra parte, el contexto forma parte del DECIR DE LO NO DICHO en el texto. No es, pues, un decir comunicativo o explícito, sino expresivo, esto es, no convencional. Buena parte de la tarea del discernimiento hermenéutico de un texto tiene que ver con los contextos de este, el texto. En ese caso, para averiguar esas claves no hay que preguntárselo al autor, sino al texto.
El mismo autor se contextualiza en su texto, ya que este es, mediante sus “condiciones internas”, el que transforma la realidad.
Obligado por la brevedad, ofrezco un ejemplo fugaz y a la mano, el de los primeros versos del poema 1 de Neruda, en 20 poemas de amor y una canción desesperada (citando de memoria): …
Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos.
Te pareces al mundo en tu actitud de entrega. (…).
Caso en el cual advertimos que el primer verso anticipa, prolépticamente, al segundo, pues contextualiza a la mujer amada, desnuda en senos y en muslos, y así mismo bocarriba, dispuesta al plácido sacrificio de la “entrega”. Al decirnos las blancas colinas, en figura elíptica de senos, y los muslos blancos, no tenemos que preguntarle a Neruda de qué se trata, pues el poema nos lo dirá de manera contextual, completa y exquisita. Todo el poema es, a su vez, la contextualización del mito de la diosa clásica de la naturaleza y de la agricultura, a muchos siglos de la época de los mitos.
Además, diciéndolo de paso, el fraseo de las imágenes introduce, contextualiza también, la retórica fílmica, con los alejamientos y acercamientos de la cámara (fade out/fade in), apelando a la metáfora visual resbaladiza y elusiva, como una exquisita cortesía de matices, en elogio de los senos, de las piernas, de la desnudez.
Casa Esenia, agosto 27 del 2014.

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