jueves, 22 de enero de 2015

Anitya 2. (Lecciones para mí).

Otto Ricardo-Torres.

No te pregunto cómo te llamas para saber quién eres, porque tú no eres como te llamas, el nombre que te impusieron no te significa. Las realidades a las que el hombre les ha puesto nombres no son como se llaman, su nombre no son ellas. Sin el nombre son ellas verdaderamente, no con sus nombres.
Anitya no le pregunta a la luz cómo se llama, se limita a mirarla. Lo mismo, a las realidades, las personas. Así es estar aquí y ahora, así es como conocemos el conocimiento, conociendo la manera como se da el ser, la manera como el ser es.
Sin nombre, es el ser. Saber percibir sin nombre es conocer el ser. Desde el ser, conocemos el ser. Siendo ser, estamos en condiciones de conocer lo que es. Al ser ser conocemos lo que es, no cómo se llama el ser.
La puerta de entrada a este conocimiento es darshan, anitya, aquí y ahora. Esta puerta es accesible a todos. Al ensimismarnos nos situamos en el umbral. A partir de ahí, se abre la eternidad. Desde la eternidad, traspasamos el umbral y se nos hace visible lo invisible.
Esta puerta es accesible a todos, pues todos somos ser. Todo ser es una puerta, de entrada y de salida. Al llegar a ser, ninguna puerta se cierra, todas las puertas de entrada se abren. Dentro es la eternidad.
Viéndola como se debe, la luz nos enseña a ir. Todo lo que la luz nos muestra en su camino es la revelación de lo no visible, de lo no imaginado, de lo no aprendido. Los misterios se nos hacen asequibles de este modo. Ellos no son lo que no podemos conocer, sino lo que no podemos conocer del otro modo distinto a este.
Los sentidos no pueden conocer el misterio. Cuando se nos revela el misterio, se suspende la percepción de los sentidos. Los sentidos provienen del sentido único, en el cual se reúnen todos. Con este omnisentido, Vista Ciclópea, es con el que percibimos los misterios.
Los misterios se muestran mediante revelaciones. Cada revelación habla con su propia voz. Si no habla, no es revelación, no proviene del misterio.
Estando aquí y ahora se nos hacen accesibles las revelaciones. Estas llegan solas, y cada una le habla a uno en el lenguaje que uno entiende inequívocamente. Se nos dan, salarios de luz, como fruto de nuestros merecimientos. Y cada una es para uno, o para ser difundida a través de uno.
Cada revelación es absolutamente original, ya que ella se da en el origen. Original pero conocida. Nueva en el cosmos, antigua y conocida en el caos. Digo cosmos al plano empírico, el de la experiencia mediante los sentidos y la reflexión. Y caos, al plano de la luz.
En tales acepciones, caos es el inventario infinito de cosmos, el alfa y la omega de los cosmos. Caos o la eternidad, cosmos o los distintos momentos del infinito.
De modo que, al ingresar al caos, todo nos es conocido, tal vez porque estamos en el escenario del origen. A su vez, al estar en el cosmos, olvidamos.
Para ir del olvido del cosmos al conocimiento en el caos, debemos olvidar el olvido. Por esto exactamente, al estar en el caos, ya lo sabíamos.

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