sábado, 24 de enero de 2015

EL ARTE KITSCH Y LA ALDEA


Por un museo de la ruralidad en Caimito
Otto Ricardo-Torres
Dedicado a CAIMITO, mi pueblo.
Y a todas las aldeas del universo.

La acepción más frecuente sobre el kitsch, es la de ser el arte de lo cursi. Los que deseen pueden ir a Calinescu, Umberto Eco, Frank Wedekin, Clement Greenberg, Harold Rosenberg…, erudición que nos provee Wikipedia a través del sucinto pero nutrido ensayo de Elena Moreno.
KITSCH Y HABLA HABLADA. Pero párenle bolas al asunto. Pues aquí están comprometidas artes plásticas, con Andy Warhol, el del pop art, Evtuchenko, el poeta ruso y, diciéndolo por mi cuenta, el encanto de la narrativa y la poesía de la oralidad, que he denominado del habla hablada. Estarían José Félix Fuenmayor, Juan Rulfo, los poemas más celebrados de T. S. Eliot, discípulo de Jules Laforgue, y el mismo Jaime Sabines, uno de mis poetas predilectos, sin ser sino apenas un devoto de su obra.
Ya dejé asociado el kitsch con el habla hablada, categoría esta de lo cual escribí un ensayito ligero en el Instituto Caro y Cuervo, que el profesor Julio Sierra Domínguez me ha hecho el honor de emplearlo en sus clases de literatura con frecuencia, según me han dicho. Y ‘habla hablada’ porque hay también habla escrita, habida cuenta de la distinción entre lenguaje, lengua y habla. Lo primero, Lenguaje, como la facultad que tenemos los seres humanos de comunicarnos y, por extensión, también los animales; Lengua, como el sistema de signos mediante el cual organiza cada comunidad la manifestación de su lenguaje o facultad, y Habla, o el empleo individual que cada uno hacemos de la Lengua. Esto presupone que ningún hablante de una misma Lengua la emplea igual, distinción esta definida como Habla. De ahí ‘habla hablada’. Que no es el tartamudeo más o menos chapucero de cierto actor en Caballo Viejo tratando de hablar como costeño, sino algo espontáneo y auténtico, al modo como T. S. Eliot se pone a divagar sobre el humo y el hollín en su magnífico poema La canción de Alfred Pruffrock; o como el eximio Rulfo, mi narrador de cabecera desde siempre, cuando Juan Preciado nos empieza la novela Pedro Páramo hablando como si ya lo hubiera venido haciendo antes de empezar la obra; o como lo hace Jaime Sabines en su bellísimo, tierno, fino y dolido (con dolor de violín) poema En la sombra estaban sus ojos…
De esa estirpe es el kitsch para mí, arte popular, pero transido de nostalgia, de rancias e incluso humildes reminiscencias. Eso es para mí, a despecho de si coincido o no con los que del tema se hubieren ocupado. Pero con una precisión, que no es nunca en sí mismo, sino arte situacional, es decir, que depende del lugar en el cual se expone o muestra, parecido en esto al ready-made. La descontextualidad es parte principal en la estrategia creadora del kitsch. Los zapatos de labriego, de Van Gogh, por ejemplo, que son kitsch, a mi juicio, por estar en un cuadro y por no ser las botas lustrosas que el hábito se acostumbró a ver en los salones lujosos.
MUSEO DE LA VIDA ALDEANA. Vienen los ejemplos, con los cuales empato el porqué le dedico estas palabras, en actitud de ruego, a CAIMITO, mi pueblo, a saber: Un pilón con sus respectivas ‘manos de pilón’, una plancha de la época de los picapiedra, una máquina sínger, un canalete, una canoa, un burriquete para ordeñar, un ‘chocó’ para sembrar el maíz, un chuzo de coger hicoteas, un trapiche de moler caña, arcaico, por supuesto; unas cucharas de totumo, unas bandejas de artesanía para servir los alimentos, unos santos de palo del devocionario popular, pitos de cera o de flauta de millo; unos calambucos para arriar el agua, unos jolones, una angarilla, un pellón, un garabato, una mini casa de palma con sus pañoles y sus trojas, la envoltura de los bollos: poloco, de plátano maduro, limpio, cafongo, así como la envoltura de la panela (ustedes me entienden, pues sugiero la artisticidad de tales envolturas); unas flechas para pescar, instrumento fósil y vivo, que todavía se emplea entre los pescadores de Caimito y sus alrededores, herencia directa de los aborígnes del lugar estudiados por el antropólogo Parsons; en fin, todo eso que pertenece al orden de los instrumentos de la antropología cultural de los oficios, hoy venidos a menos en rápido riesgo de extinción, como las especies de la fauna y de la flora.
LO KITSCH Y LA REALIDAD DESCONTEXTUALIZADA. Esto en sí no es todavía kitsch, como ya dejé anticipado, sino materia primordial de un museo de antropología cultural. Pero eso se vuelve kitsch cuando se emplea en contextos impropios de su prístina u original condición, al ponerlo para decorar ambientes que no les son propios, burgueses, de dedito parado. Un santo con sombrero concho o con sombrero vuettiao, por ejemplo, en una iglesia o en una exposición de escultura o de pintura; una piedra de amolar (vulgo, afilar) decorando un rincón de la sala, al lado de la pantalla de mesa; un par de pitos cabeza e cera flanqueados por un jarrón de rosas o de astromelias; árboles de polvillo o de cañaguate o de guayacán bordeando el atrio de la iglesia, o unas palmas de vino, hoy condenadas al monte; una yunta de bueyes o la faena del ordeño de una vaca, como un monumento en la plaza donde antiguamente se hicieron las corralejas, etcétera, serían kitsch.
Así que, primero el museo, luego lo demás. ¿Se le miden? ¿Qué les cuesta, si no la resurrección de la sana alegría y solidaridad comunitarias, con la segura participación de la población rural y urbana, ancianos y estudiantes, bogas y vaqueros, pescadores, artesanos, agricultores, ganaderos, en fin?
Me cuentan, así esté vivo todavía.
Casa Esenia, enero 23 del 2015.

jueves, 22 de enero de 2015

LECCIONES PARA MÍ. DE LAS LÍNEAS PARALELAS.

Otto Ricardo-Torres

(A mis mejores amigos).

Con el tiempo, nos damos cuenta de por qué el saber empieza al saber que uno no sabe. Si Sócrates dejó dicho que “Solo sé que nada sé”, es porque sabía. ¿Y qué es lo que sabía? Posiblemente supo que el saber es EN uno, no DE uno.
La arrogancia del ego se apropia de lo que no es suyo, sino ajeno, obra de dación o donación. Al momento de saber, el ser salta, sorprendido por la iluminación, cual visita del ángel, que otros dicen de este modo. Sin el uno del ego, aparece uno. Estando ahí, uno es cuando desaparece. La transparencia es nuestra unidad real, nuestra identidad. El cuerpo, el nombre, el organismo.., envuelven la identidad, dan sonido al ser, pero este no se agota en la presencia ni en la hoja de vida.
Este saber se da de dos maneras, mental y vivencialmente (perdón por esta gastada palabra). El saber mental es una antesala del conocimiento, pero todavía es apenas su reflejo. Cuando el conocimiento va a la fuente del reflejo, el espejo desaparece y son uno el conocedor y el conocimiento. Entonces uno es Uno, no uno.
De este modo, entiendo al Tao: /EL QUE DICE NO SABE/ EL QUE SABE NO DICE. Este no-decir (según me parece), no es por carencia de saber sino por excedencia o plenitud del mismo.
Otto Ricardo-Torres
Casa Esenia, mayo 31 del 2014.

Anitya 2. (Lecciones para mí).

Otto Ricardo-Torres.

No te pregunto cómo te llamas para saber quién eres, porque tú no eres como te llamas, el nombre que te impusieron no te significa. Las realidades a las que el hombre les ha puesto nombres no son como se llaman, su nombre no son ellas. Sin el nombre son ellas verdaderamente, no con sus nombres.
Anitya no le pregunta a la luz cómo se llama, se limita a mirarla. Lo mismo, a las realidades, las personas. Así es estar aquí y ahora, así es como conocemos el conocimiento, conociendo la manera como se da el ser, la manera como el ser es.
Sin nombre, es el ser. Saber percibir sin nombre es conocer el ser. Desde el ser, conocemos el ser. Siendo ser, estamos en condiciones de conocer lo que es. Al ser ser conocemos lo que es, no cómo se llama el ser.
La puerta de entrada a este conocimiento es darshan, anitya, aquí y ahora. Esta puerta es accesible a todos. Al ensimismarnos nos situamos en el umbral. A partir de ahí, se abre la eternidad. Desde la eternidad, traspasamos el umbral y se nos hace visible lo invisible.
Esta puerta es accesible a todos, pues todos somos ser. Todo ser es una puerta, de entrada y de salida. Al llegar a ser, ninguna puerta se cierra, todas las puertas de entrada se abren. Dentro es la eternidad.
Viéndola como se debe, la luz nos enseña a ir. Todo lo que la luz nos muestra en su camino es la revelación de lo no visible, de lo no imaginado, de lo no aprendido. Los misterios se nos hacen asequibles de este modo. Ellos no son lo que no podemos conocer, sino lo que no podemos conocer del otro modo distinto a este.
Los sentidos no pueden conocer el misterio. Cuando se nos revela el misterio, se suspende la percepción de los sentidos. Los sentidos provienen del sentido único, en el cual se reúnen todos. Con este omnisentido, Vista Ciclópea, es con el que percibimos los misterios.
Los misterios se muestran mediante revelaciones. Cada revelación habla con su propia voz. Si no habla, no es revelación, no proviene del misterio.
Estando aquí y ahora se nos hacen accesibles las revelaciones. Estas llegan solas, y cada una le habla a uno en el lenguaje que uno entiende inequívocamente. Se nos dan, salarios de luz, como fruto de nuestros merecimientos. Y cada una es para uno, o para ser difundida a través de uno.
Cada revelación es absolutamente original, ya que ella se da en el origen. Original pero conocida. Nueva en el cosmos, antigua y conocida en el caos. Digo cosmos al plano empírico, el de la experiencia mediante los sentidos y la reflexión. Y caos, al plano de la luz.
En tales acepciones, caos es el inventario infinito de cosmos, el alfa y la omega de los cosmos. Caos o la eternidad, cosmos o los distintos momentos del infinito.
De modo que, al ingresar al caos, todo nos es conocido, tal vez porque estamos en el escenario del origen. A su vez, al estar en el cosmos, olvidamos.
Para ir del olvido del cosmos al conocimiento en el caos, debemos olvidar el olvido. Por esto exactamente, al estar en el caos, ya lo sabíamos.

Del perdón

MI CONVICCIÓN ES LA DE QUE EL PERDÓN NO EMPIEZA EN LAS VICTIMAS SINO EN EL ARREPENTIMIENTO DEL VICTIMARIO. SI ESTO NO SE DA EN ESE ORDEN, PERDONAR ES UN ACTO HIPÓCRITA Y CONDUCENTE AL RECRUDECIMIENTO DE LA MALDAD. PERDONO AL QUE SE ARREPIENTE, PORQUE, AL HACERLO, YA ES OTRO, ESTÁ LIMPIO. Y NADIE SE OBLIGUE A PERDONAR A QUIEN NO TIENE SINCERA INTENCIÓN DE ENMENDARSE Y NO VOLVER A COMETER NUEVAS AGRESIONES.

EN LA HUERTA DE LA CASA. Lecciones para mí. I.

I. 
Elementos de Semiótica Poética.
Hic et nunc o la inmanencia semiótica.
Otto Ricardo-Torres

Si digo Lecciones para mí es para no lastimar las conciencias de los que tienen asegurada su formación teórica con la cual se desempeñan, tanto en la apreciación reflexiva como en la realización de sus propios textos artísticos. Sin embargo, los que deseen arrimarse a la mesa, sean bienvenidos a partir el pan en familia.
Diré conceptos tomados de autores, así como apreciaciones personales, inclusive al lado de los primeros. Ningún autor honorable se ofenderá si uno le hace uno que otro “remiendo” a sus ideas o categoremas, pues como yo lo entiendo, y sin dejar de reconocer los créditos, el conocimiento es del camino, no del caminante.
La idea de la inmanencia, expresada en la categoría latina HIC ET NUNC, aquí y ahora, está en los fundamentos de la semioticidad y, por ende, de la Semiótica Poética. Muchos la emplean, en especial los que pertenecen a este sistema epistemológico-crítico de la Semiótica Poética o también llamada Poetología. Para abreviar, HEN: (HIC ET NUNC).
Haré, en lo posible, comentarios en desorden, a saber:
• HEN traduce que lo que importa es el texto, lo que el texto dice o quiere decir, no lo que el autor externo dice o quiso decir. Por ello, se distingue entre autor empírico, el externo, el de civil, o “autor hombre”, en la terminología de Michael Riffaterre, y el autor implícito, el que ha realizado la criatura o texto poético, o el “autor palabra”, también según MR. Según esto, un mismo autor se crea o transforma, “se otra” o hace otro, en cada criatura poética que realiza: Al crear, se crea él mismo. Por ello, un mismo autor empírico puede ser varios autores-poeta, según el tipo de criaturas artísticas logradas por él. También según esto, no es procedente pedir que la obra guarde relación de identidad, ni con la realidad objetiva circunstancial y externa al poema, ni con la vida misma del autor. Si hubiere identidad, no habría creación, ni, por lo tanto, poema u obra artística. Y esto vale también para la lengua general.
• Para advertir todos los aspectos de la especificidad artística atrás enunciados, se postula el categorema de la inmanencia, HEN, estar en el aquí y en el ahora de la criatura artística que observamos, a efecto de hacer el esfuerzo de percibirla a ella lo máximo posible, y no evadirnos a consideraciones contenidistas de tipo filosófico, político, sociológico, telúrico, biográfico (la “ñero crítica”), etcétera, dejando la literaturidad de la obra a un lado. Por esta razón, se considera que en la percepción semiótica artística, importa primordialmente CÓMO SE DICE LA OBRA, antes que el QUÉ DICE. Esto es cuestión de prioridad, no de exclusión: Al mirar con detenimiento la forma expresiva, esta nos irá dando su respectiva forma del contenido, de modo que esta, la forma del contenido, por virtud de esa prelación metodológica, estará subordinada estricta, específicamente, a su respectiva forma de la expresión, o sea, al CÓMO SE DICE. Con esto, se busca evitar la especulación, la generalización presunta pero falsamente culta o erudita.
• Mirada la obra de ese modo, una vez examinada en su especificidad inmanente, o sea, hic et nunc, es llegado el momento para apreciar las ventanas contextuales que abre el texto, poema o criatura artística (poética).
• Se considera que el contexto es parte integrante del texto, pues no hay texto sin contexto, ni contexto sin texto. Y esta será la siguiente unidad de estas LECCIONES PARA MÍ, la del CONTEXTO.
Casa Esenia, agosto 25 del 2014.

II. Elementos de Semiótica Poética. Sobre el Contexto.

Otto Ricardo-Torres.

En I quedó dicho que el contexto es parte necesaria e integrante del texto y que, por ende, no hay texto sin contexto ni contexto sin texto. En efecto, el contexto es parte inherente del texto, de este texto, y no de ningún otro texto. El contexto así entendido, es la externidad implicada en el texto, las realidades externas a las cuales el texto, de manera expresiva, alude. Por consiguiente, el o los contextos de un texto se averiguan en el texto y no afuera del texto.
Los llamados “factores objetivos”, equivocadamente tomados como contextos, son, en realidad, entorno, no contexto. Por este malentendido, que ha servido de comodín a los determinismos mecanicistas, se ha estimado que hay contexto sin texto y que el contexto es permanente y válido para cualquier producto humano que se dé en el marco de su escenario.
Entonces, si dejé dicho que no hay contexto sin texto es para significar que es el texto el que define e implica sus propios y respectivos contextos, y no al revés. El contexto no va al texto, pues el contexto no es nada externo al texto, sino la información externa implicada en el texto. Mediante sus contextos, el texto indica o expresa las circunstancias pragmáticas de su enunciación, o también las realidades de la praxis del autor sedimentadas en la conciencia de este; vale decir, la vida íntima del autor, y no necesariamente la vida consciente, declarada o asumida racional o públicamente. Así entendido, el contexto desoculta las “condiciones internas” dadas en la conciencia del autor, así como el grado y modo de la sensibilidad del autor en relación con determinada realidad.
Por tal virtud, es en el texto y en los contextos de este donde se expresa la biografía íntima, real, del autor, circunstancia de la cual el autor-creador no es, general ni necesariamnete, consciente, para fortuna de la obra de arte. Generalmente, cuando hay genialidad de por medio, el autor-no autor, el de civil, no es consciente de las creaciones de su homónimo, el autor-autor, el autor-creador o autor-poeta. Este crea a fuerza de ingresar, con lucidez de ciego, en la atmósfera sonámbula e inconsciente del caos, donde habita lo inédito.
Por qué estas vehementes precisiones. Porque generalmente se ha venido confundiendo contexto con entorno, y esta confusión proviene, más o menos, del determinismo de Hipólito Taine, o positivismo mecanicista, según el cual los factores de raza, economía, época, geografía, condición social DETERMINAN (al modo de un input/output en una fábrica de chorizos) el producto social, la respuesta del ser humano a necesidades determinadas. Desde ese punto de vista, para estudiar al ser humano y a sus producciones culturales, académicas, artísticas, filosóficas, políticas, científicas, etcétera, se procedía, no desde el ser humano, en sí, ni de sus producciones, a efecto de identificarlos a uno u otras, sino desde los factores externos, o sea, el entorno. Dados estos factores, estimados como DETERMINANTES, se deducía, mediante conclusión inapelable, un producto DETERMINADO y previsible, en una ecuación de identidad entre lo determinante y lo determinado. Los sociologismos, entre estos la crítica sociológica marxista fue, de manera general, de este enfoque. Fue y es. Y fue y es a pesar de las posiciones muy claras de Lenín y del científico de la Academia de Ciencias de la URSS, S. L. Rubinstein, en EL PENSAMIENTO Y LOS CAMINOS DE SU INVESTIGACIÓN, de su obra EL SER Y LA CONCIENCIA, a ese respecto. Según este –SLR-, “los factores externos influyen [no determinan] pero mediante los factores internos”. Con lo cual se rescata el valor creador del individuo y la opción de su libertad para responder, de manera autónoma, y no sumisa ni determinista, a las influencias externas.
El entorno, pues, no constituye, de manera fatal ni de ninguna otra, contexto. Un entorno puede ser común a varios textos, pero el contexto siempre le es inherente a un, su respectivo texto. Con lo cual se concluye que el contexto se averigua en el seno del texto y no fuera de él. Una vez identificado el o los contextos del texto, ya podemos proceder a establecer qué grado de identidad o de creatividad hubiere en el contexto con respecto a la realidad externa contextualizada.
Valga saber, contra el facilismo determinista, el del entorno como contexto, que en una misma época, en una misma zona de fechas, se dan productos humanos diferentes e incluso antagónicos. Las historias de las literaturas –todas las de Colombia y la mayoría de las del mundo- adoptan el falso presupuesto de una identidad literaria por fechas, por siglos, por etapas históricas, en clara exposición de un determinismo histórico.
De otra parte, el contexto forma parte del DECIR DE LO NO DICHO en el texto. No es, pues, un decir comunicativo o explícito, sino expresivo, esto es, no convencional. Buena parte de la tarea del discernimiento hermenéutico de un texto tiene que ver con los contextos de este, el texto. En ese caso, para averiguar esas claves no hay que preguntárselo al autor, sino al texto.
El mismo autor se contextualiza en su texto, ya que este es, mediante sus “condiciones internas”, el que transforma la realidad.
Obligado por la brevedad, ofrezco un ejemplo fugaz y a la mano, el de los primeros versos del poema 1 de Neruda, en 20 poemas de amor y una canción desesperada (citando de memoria): …
Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos.
Te pareces al mundo en tu actitud de entrega. (…).
Caso en el cual advertimos que el primer verso anticipa, prolépticamente, al segundo, pues contextualiza a la mujer amada, desnuda en senos y en muslos, y así mismo bocarriba, dispuesta al plácido sacrificio de la “entrega”. Al decirnos las blancas colinas, en figura elíptica de senos, y los muslos blancos, no tenemos que preguntarle a Neruda de qué se trata, pues el poema nos lo dirá de manera contextual, completa y exquisita. Todo el poema es, a su vez, la contextualización del mito de la diosa clásica de la naturaleza y de la agricultura, a muchos siglos de la época de los mitos.
Además, diciéndolo de paso, el fraseo de las imágenes introduce, contextualiza también, la retórica fílmica, con los alejamientos y acercamientos de la cámara (fade out/fade in), apelando a la metáfora visual resbaladiza y elusiva, como una exquisita cortesía de matices, en elogio de los senos, de las piernas, de la desnudez.
Casa Esenia, agosto 27 del 2014.

Lectura y anonadamiento

LOS APOLOGISTAS DE LA LECTURA (MAESTROS, TALLERISTAS) DEBERÍAN EVITAR LA COLONIZACIÓN QUE EL PROCESO CULTURAL, CUALQUIERA QUE SEA SU ÍNDOLE, EJERCE SOBRE EL LECTOR. DEBEMOS LEER PARA SER LIBRES, NO PARA SER ANONADADOS O SUPLANTADOS POR LOS PERSONAJES O LOS MODELOS LEÍDOS. ¿SERÍA EQUIVOCADO SUPONER QUE CON EL MODELO CULTURAL QUE EMPLEAMOS ESTAMOS CONVIRTIENDO A LA POBLACIÓN LECTORA EN UN SACO DE PALABRAS, CON MENGUA DE SU IDENTIDAD?

De lo inefable

CUANDO LA OBRA QUE APRECIAMOS O REALIZAMOS ALCANZA O ESTÁ EN SU PUNTO DE PERFECCIÓN, HABLA. Y SU PALABRA ES SU PALABRA SI NOS DEJA SIN PALABRAS. LA INEFABILIDAD ES ESO. ANTE ELLA, CUALQUIER PARÁFRASIS ES TARTAMUDEO Y ARROGANCIA. (ORT. Casa Esenia, 2014)

jueves, 15 de enero de 2015

De la cultura académica y la cultura antropológica.


Otto Ricardo-Torres
Casa Esenia, enero 15 del 2015.

Desde cuando tuve el honor de dirigir el postgrado de Pedagogía del Folclor en la amable UNIVERSIDAD SANTO TOMÁS, de Bogotá, se me recrudeció la preocupación por la discordia entre las dos culturas del título, mucho más hoy con el incremento inevitable de la globalidad, no solo en comercio, sino en comunicaciones, en información.
Recordemos lo que dejé dicho en mi nota pasada acerca de la cultura bifronte. Ahora lo retomo para comentar ese contraste y guerra de una contra la otra, caso en el cual la cultura antropológica está llevando todas las de perder. En efecto, la cultura antropológica, esto es, la de las costumbres, está siendo, ya no invadida sino arrasada, sepultada por la cultura académica con internet y demás.
Esta debería ser preocupación y tarea de las Casas de la Cultura y no más, por favor, meras cuotas burocráticas sin mayor idea de su responsabilidad. Seguramente por ignorar la otra acepción de cultura, las Casas de la Cultura se han convertido en bibliotecas, o sea, en servidoras de la cultura académica, y no de la cultura antropológica, somo deberían ser, ante todo. Las comunidades nativas colaboran con entusiasmo en estas tareas de rescate o recuperación de sus valores para la creación de museos locales y regionales. Eso hicimos en el postgrado mencionado, y en todas la regiones donde teníamos presencia, la alegría comunitaria fue algo maravilloso, seguramente por sentirse reconocidas.
Los diseños pedagógicos que se prescriben con tanto tecnicismo desde el Ministerio de Educación deberían hacerse cargo de este problema, adelantar los seminarios para el examen de la situación y hacer las recomendaciones del caso. La relación docente-estudiante y cultura académica-cultura antroplógica ameritan una atención menos espectacular y más positiva, así como la revisión de los planes de estudio. En estos es fácil notar que se estructuran con base en el presupuesto de que la universalidad del conocimiento se hace posible mediante la abundancia de asignaturas y de lecturas, sin reparar en el tiempo real disponible del estudiante ni detenerse a observar que una programación curricular coherente y articulada de manera menos mecánica y más racional, conduce a descubrir los nexos íntimos que una asignatura tiene instrínsecamente contraídos con otras y aun con varias áreas del conocimiento. No es tarea difícil articular, por citar un caso, geografía con economía, sociología e historia, por ejemplo, y no limitarnos a amontonarlas como espacios aislados, allí dispuestas para la memorización.
Las pedagogías tienen gran responsabilidad en esto, a cambio de estarse dedicando a llover sobre mojado con la cantaleta especulativa de que la pedagogía es la disciplina que nos enseña CÓMO dictar cualquier asignatura, así no sepamos nada de su contenido disciplinario. Dicho de paso, siempre defendí la posición de que la metodología debe nacer de las dificultades gnoseoloógicas de cada tipo de conocimiento específico, como lo pretende, con gran éxito, la Pedagogía Problémica (que no pedagogía problemática).
Lamentablemente, la  función docente se ha quedado rezagada, entretenida en labores mecánicas, mientras en la mayoría de las aulas se hace caso omiso de aquel  desequilibrio cultural, así como de la formación integral del educando. El docente se limita a poner tareas, sin tomarse el trabajo de revisar si el alumno se aprendió o no esa información que el estudiante de hoy se limita a copiar literalmente de internet.
Categorías como información-formación, formación integral, educabilidad-enseñabilidad, Valores, etc., lo que menos requieren es de cháchara, sino más de actitud, de observaciones de inducción directas y prácticas, de ejemplos asequibles, de tareas y propósitos necesarios, realizables y alcanzables.
Mis respetos al gremio, al cual pertenezco, y, por supuesto, también a los avances de las relaciones comerciales y de las telecomunicaciones. Nada más me limito a señalar el problema para hacer conciencia de él, en procura de que se le aporte ágilmente, sin rezago, la reingeniería más conveniente y oportuna al caso.
1. Ruina cultural de la aldea. Pero mi propósito se dirige a señalar, de manera especial, la desconexión crónica (hoy se dice “la brecha”) entre la cultura de las costumbres locales y regionales, o sea, la antroplógica, con la otra que el estudiante aprende en el aula, muchas veces sabiendo más de geografía universal que del entorno local, el del habitat de su patria chica.
La información de los libros del plan de estudios, sobre todo en la secundaria, además de ser abstrusa y sin mayor conexión entre unas asignaturas y otras, lanza abruptamente al estudiante a la fascinación de un mundo extraño, radicalmente distinto del inmediato. La historia, los cuentos y novelas, la filosofía, por ejemplo, nunca reparan en los valores locales, ni siquiera por contraste, mucho menos para reconocer los casos o aspectos meritorios de los personajes, riquezas, labores ni las potencialidades del medio. Para el alumno, la realidad verdadera y válida es la de los libros. Con esa pauta, la cultura académica lleva implícita la negación de la cultura antropológica, su anulación como un factor negativo, de atraso, que la cultura del aula viene a remediar. El engreimiento del alfabeta frente al analfabeta es un síntoma de ese designio más o menos implícito.
La educación a distancia y la semiescolarizada igualmente han llevado su empresa hasta las zonas más apartadas, apelando al recurso de las seccionales, de modo que, con ello, supuestamente se ha capacitado académicamente a gran cantidad de personas. Así que, si ya el aula local daba la espalda a la cultura del terruño, ahora el proceso negativo se acentúa, pues los nativos acaban graduándose de pre y postgrados, estén donde estén, lo cual sería muy bueno, si con ello no se estuviera echándole más tierra al distanciamente de las costumbres lugareñas, con títulos que, en general, poco o nada tienen que ver con las necesidades materiales y espirituales reales del medio.
2. Servirse DE y no servir A. La cultura viene a las regiones apartadas, no para favorecerles su identidad ni promover sus valores, sino para hacer negocio y crear una casta de personas educadas en la filosofía del exclusivo servicio personal. La paradoja es que, mientras se dice que la educación es para promover la justicia social, a las claras se ve que “lo social” tiene únicamente la connotación de individual. Este diseño de la cultura académica nuestro no forma para la solidaridad, ni para las solución de las necesidades comunitarias, ni para la recuperación o afianzamiento de las identidades locales o regionales, sino para promover los contrastes, agrandar las brechas e inyectar el nocivo prurito del beneficio personal, cuya conducta se expresa en servirse DE y no en servir A. Junto a la reforma radical del plan de estudios, revisando una a una las asignaturas del mismo, la pertinencia de su lenguaje y la justa correlación de cada una de ellas con el conjunto, debe haber una filosofía que promueva la mentalidad de un hombre nuevo, solidario, optimista y orgulloso de sus tradiciones.
3. Necesidad de una Escuela de los Oficios. Los oficios, los hábitos ancestrales, los valores de la tradición, los paradigmas de los ancianos de la tribu y las diversiones de lejanas reminiscencias, están desapareciendo ante el tsunami del internet, la globalización y el modelo académico de la educación pseudo universalista. En el seno mismo de un pueblo, la aldea está desapareciendo; la cultura académica se ha desconectado de las costumbres de la cultura antropológica local, con lo cual los tesoros de la tradición ya son mirados con desdén y como objetos no útiles. Cómo sería de ilustrativo un trabajo de etnografía del habla para rastrear y poner al descubierto esa estratificación cultural que se está efectuando velozmente en el seno de las comunidades, de manera más dolorosa en la aldea, donde el peso del analfabetismo y la miseria campesina no tienen modo de levantar cabeza.
Alguna vez intenté fundar una Escuela de Oficios, especialmente para recoger la sabiduría local (cultura antropológica) de artesanos, curanderos, vaqueros, bogas, agricultores, trabajadores de las fincas, de mujeres expertas en culinaria, con sus conservas y demás, con el fin de educar a las nuevas generaciones en la sabiduría ancestral de tales oficios, pero ya con el estatus de un diploma y la correspondiente organización laboral, con su bolsa de empleo, valoración salarial, etcétera. Porque me preocupa que se olvide ordeñar, curar una res, arreglar un portillo, hacer el queso y el suero, administrar un trapiche, bogar; el conocimiento de las plantas, de la flora y fauna endémicas, nativas, así como la preparación del mote de queso, el arroz de coco, las galletas de soda, el cafongo, el bollo limpio, el bollo poloco, la mazamorra de maíz nuevo, la artesanía de platos, canaletes, bindes para la cocina, cucharas, tinajeras, canoas, bandejas, etc., etc. Hice lo que estuvo a mi alcance, pero los hados me lo impideiron. Ojalá alguien retomara y llevara a cabo la idea.
En esto, como en tantas cosas, los paisas nos llevan inmensa ventaja, debido a que el gran señor de la industria, la academia, la política, el comercio, no desdeña, sino que, al unísono con todos los estamentos, valora entrañablemente su tradición. Y, sobre todo, de manera también excepcional, el pueblo judío, uno de los más devotos de su tradición y, al mismo tiempo, el más desarrollado del mundo en ciencia y tecnología.

lunes, 12 de enero de 2015

Lo que dijo el Padre Novoa, S. J. en RCN A propósito del terrorismo islámico.

Otto Ricardo-Torres.

De antemano, me pido que el respeto a la dignidad sacerdotal del P. Novoa y el hondo aprecio que tengo por los jesuitas no me vaya a impedir decir lo que debo decirle: “Amicus Plato, sed magis amica veritas”, esto dicho por Aristóteles refiriéndose a su maestro, Platón: “Soy amigo de Platón, pero más amigo soy de la verdad”.

Hoy en RCN, invitado por la cadena radial para que diera su opinión acerca del terrorismo que masacró a los doce periodistas de Charlie Hebdo en París y a los otros judíos del restaurante, este sacerdote, sin rubor alguno, salió a decir cosas contrastando la verdad del Libro sagrado del Islam con las evidencias, que no sólo se han dado en París, sino que están ocurriendo en África, Siria, Irak, Pakistán, en los acuchillamientos casi diarios en Israel por parte de los terroristas vecinos y, siglos atrás, en las conquistas mundiales que realizó el Islam en Europa, África, Asia. A estas evidentes realidades, no de ahora sino de toda la vida, las estimó el sacerdote jesuita como propias de una insignificante minoría.

También se pudieron excusar y contrastar los atropellos genocidas de la colonización y conquista de América por parte de España y de la Iglesia Católica como algo que no estaba contemplado en ninguna parte de los Libros Sagrados, Antiguo y Nuevo Testamentos. Pero se cometieron, y al precio de haber sepultado para siempre pueblos y culturas nativos, como pasó en Egipto y África en general y en Asia, y estuvo ocurriendo en Europa durante poco menos de 8 siglos, por parte del Islam.

Sin embargo, el Papa Juan Pablo II, hombre de recio carácter y similar transparencia, alguna vez pidió perdón públicamente por el patrocinio de la Iglesia Católica de entonces a las atrocidades criminales cometidas por los españoles, con la cruz y la espada, en Hispanoamérica (avant la lettre) contra las comunidades indígenas. Gran gesto que puso punto final a esa vergonzosa y nefanda teocracia genocida. Eso es fe, verdad plausible de apóstol. Sin blandos enredos hermenéuticos librescos.

Me pregunto si cuando San Ignacio de Loyola fundó la Compañía de Jesús en España, esta nación era libre o estaba sometida al yugo del Islam; o contra quiénes lucharon los Cruzados y España durante tantos siglos, si no fue contra esta insignificante minoría que hoy se expande, de manera implacable y cruel, por toda la geografía de la tierra con designios similares, aterrizando el 11 de septiembre en Las Torres Gemelas de Nueva York y ahora en París, pasando por los atentados y misiles cuotidianos contra Israel..

Además, para redondear su doctrina, el sacerdote Novoa se fue hasta contrastar la bondad del cristianismo con los “3000 crímenes” cometidos por Obama, el Presidente de EE UU, cuidándose de callar en alianza con qué países ha actuado EE UU ni para defender a quiénes, hoy y antes. Bastaba recordar lo que hizo Saddan Hussein contra kurdos, iraníes y los países del Golfo, que no fuera invadirlos y matarlos con bombas químicas. ¿Qué habría sido del mundo si no se detiene a ese monstruo en batalla solicitada y auspiciada por los mismos países árabes invadidos? ¿Y el caso de Afganistán con los talibanes destruyendo monumentos budistas, condenando a las mujeres a la esclavitud y a la ignorancia y, tal como en los otros estados afines, sin excepción, instaurando a sangre y fuego la teocracia genocida?

¡El horror! Cuesta creer lo que dijo el Padre Novoa en esa intervención. Al Qaeda y afines, con toda seguridad, lo están aplaudiendo. Algo similar ha ocurrido en el catolicismo, con argumento parecido. No obstante, si bien en los libros sagrados y en las iglesias y en los rezos católicos, los santos son multitud, salga uno a la vida diaria y verá que esa sacralidad textual es letra muerta. Sin ir muy lejos, no hay narco que se respete que no sea devoto de un santo católico.

Cuánto me he alegrado con las declaraciones recientes del actual Presidente de Egipto denunciando y condenando con argumentos muy sinceros, valerosos y no de cajón, estas crónicas acciones de tantos islamistas. Ya antes, otro alto personaje árabe, también valiente y sincero, de Yemen, tal vez, hizo una declaración similar. La ideología –han dicho- ha corrompido a estos matarifes del Islam que, de paso, le han estado haciendo daño a su doctrina sagrada. Esto es lo que hay que hacer y no las contemporaciones habilidosamente moderadas para quedar bien mejor no decir con quiénes.

Según las evidencias históricas, lo que parece es que el terrorismo ha sido la punta de lanza del Islam, cuyas conquistas pasan del terrorismo a la moderación para consolidarlas.

Casa Esenia, enero 9 del 2015.

viernes, 9 de enero de 2015

La CULTURA es bicéfala. De las corralejas y las corridas de toros.


Otto Ricardo-Torres.
Casa Esenia, enero 5 del 2015.
Sí, la cultura tiene dos cabezas (todavía no sé si monstruosas), dos acepciones, para decirlo de una vez: Una es la cultura ccomo conjunto de tradiciones sociales (Lowie), que es la cultura en su aspecto o dimensión antropológica, generalmente ágrafa o no escrita, analfabeta, y otra, la cultura académica, la del aula, que es, primordialmente escrita, pues su fundamento es el libro. Esto significa (como bien lo dice el premio Nobel T. S. Eliot, en uno de sus ensayos, que fue documento para el Gobierno Británico) que en el aspecto antropológico de la cultura, todos somos cultos, tanto los alfabetas como los analfabetas.

Esta acepción de cultura se asimila a la categoría de pueblo, que también en este aspecto antropológico cubre a toda la población, sin diferencia alguna de clase, estamento socioeconómico, credo, raza, etcétera; así, el pueblo colombiano es uno, antropológicamente hablando, aunque en el aspecto sociológico o sociopolítico con el nombre de pueblo se denote a la clase menos favorecida. (Algunos antropólogos de nota suelen confundir tácticamente esta última noción para hacer demagogia).

Pues bien, en el aspecto antropológico es cultural todo el conjunto de las tradiciones, sean buenas o malas, pero no ocurre lo mismo en la otra acepción. Además, esta circunstancia, la de ser la cultura antropológica el conjunto de las tradiciones, no exime, no impide a la misma comunidad darse sus propias rectificaciones, modificar sus hábitos, mejorar sus comportamientos, con miras al beneficio material, ético y espiritual de sus miembros.

Todo el desarrollo de los pueblos ha ido marcando los cambios de sus comunidades para mejorar en sí mismos y en su entorno. A esos grandes cambios se les suele llama épocas históricas. Ya no hay canibalismo, ahora tenemos más sensibilidad por el medio ambiente, por el respeto a las instituciones, a las costumbres de otras comunidades, dentro y fuera del país. Hacia la Edad Media tuvimos la cultura teocrática genocida, vale decir, la imposición de la creencia en Dios a sangre y fuego, como pasó con la Inquisición y sigue ocurriendo con el extremismo islámico. Sin embargo, y me complazco reconociéndolo, la Iglesia Católica es una de las instituciones religiosas que más ha evolucionado positivamente, sobre todo a partir del Concilio Vaticano II (Pablo VI, Juan XXIII, Juan Pablo II y el eximio Pastor Francisco Papa, el hincha del San Lorenzo). Lo cual quiere decir que ser tradición, ser un hecho cultural en la dimensión antropológica, es el más pobre, míope y vergonzoso argumento que cierta Corte de Colombia pudo encontrar para justificar y mantener las corridas de toros, las peleas de gallo y atropellos similares a nuestros mal llamados hermanos menores, que son los cuadrúpedos, reptiles, aves, fauna y flora en general.

Según esta doctrina (¿que debo llamar estúpida, por supuesto?), también es un hecho cultural en Colombia la violencia, intra y extrafamiliar, la de la guerrilla, de los paramilitares, de funcionarios del Estado, de las pandillas callejeras, etcétera. Según esa torpe doctrina –digo-, no debería haber jueces, ni políticas de paz, ni restitución de tierras, ni reparación de las víctimas, ni redistribución de la riqueza, pues atentarían contra acciones (de las costumbres) culturales de Colombia. Tampoco debió haber ayer Frente Nacional ni hoy conversaciones de paz para parar la violencia política, que ha sido más generalizada en Colombia, o sea, más “cultural”, que, incluso la de la matazón de toros.

No sería de extrañar que los tales magistrados estén celebrando con los carteles (en la lengua original, cárteles, que son los verdaderos culpables, que se lucran, como vampiros de la vida y de la alegria) de las corralejas y de la maldita fiesta brava la barbarie cometida en Turbaco contra un pobre, querido, inocente y absolutamente indefenso toro en la plaza. Entre otros. ¡Qué bárbara lección de salvajismo, de indolencia y de crueldad, señores magistrados! En la persona de ustedes, elevo estas preguntas: ¿Es imposible hallar en Colombia diversiones menos “cultas”, pero más nobles y sanas? ¿Será que la sangre inocente de ese animal y de todos los que se maltratan y sacrifican en Colombia para diversión de los crueles, no afecta ni lastima su fe ni su sensibilidad? Y no se diga que es distinta, por el remilgo de los tendidos, la matanza de toros en Manizales, Cali, Cartagena, Bogotá, que en Turbaco, Sincelejo, San Marcos o Caimito.
Qué es más valioso que la vida. Sin embargo, eso, la vida, es lo que menos vale en Colombia, con los auspicios de los supradichos magistrados y cómplices. Estoy a punto de proclamar que las muertes de inocentes, amparadas por la jurisprudencia de Colombia, nos mueven a hacer justicia por propia mano, por parte de los que somos solidarios con tales víctimas. Si la ley ampara el crimen y la injusticia, la venganza es un acto de Justicia. Esta también es una acción “cultural”.