miércoles, 8 de febrero de 2012

Azetiña 3


De la domesticación.

Irónicamente la cosa más poderosa que cada uno de ustedes
ha hecho jamás es convertirse en ser humano; en verdad,
no exigió que ustedes hicieran nada.”. (52).
 Elohim Serapis.

La Antropología nos cuenta que el hombre dio un gran paso cuando descubrió la domesticación avant la lettre, (o sea, antes de existir el concepto ni la palabra), que, como su nombre indica, consiste en hacer parte de la casa lo que era extraño a esta. Así, en algunos continentes domesticaron el caballo, el perro e incluso algunos vacunos y aves, mientras que en otros, como en América, v. gr., domesticamos las plantas, sobre todo el maíz, y, detrás de este, otras plantas.
Con ello, el hombre cambió su nomadismo, que lo llevaba de la ceca a la meca buscando provisiones, y ganó un status mejor, el del sedentarismo. Así logró mayor estabilidad y tranquilidad, y multiplicó su capacidad de trabajo, de aprovisionamiento y de producción.
Con el caballo ganó velocidad de desplazamiento, fuerza, capacidad de acarreo; con el perro, protección y ayuda para la caza, y con el maíz y compañía, alimento contiguo a la casa y, como ya se dijo, capacidad de provisión y almacenamiento para los días posteriores, así como semillas para multiplicar el plantíov. Detrás vinieron otros, con los cultivos y las crías, de las aves entre ellas, con sus huevos y sus pollitos.
Las estancias, viviendas, fincas, haciendas de hoy en día, de la región de Sucre, en las sabanas y en la parte fluvial, de Caimito hacia La Solera, El Mamón, Tofeme, La Mejía y Aguilar, así como en Cuiva, Rabón, La Sierpe y La Mojana, todas tienen cultivos de pan coger y corrales de ordeño al pie de las casas del mayordomo y de los corraleros y baqueros. Esa estructura de organización, de cultivo y de producción viene de lejos, de más allá de la Edad Media, y conserva un bello sustrato de aquella época prehistórica en la que la vida sedentaria se organizaba alrededor de la casa.
De paso, me complazco en registrar que todavía se conserva viva la tradición de la soliaridad con el transeúnte en tales lugares, especie de comunismo primitivo de la mejor ley, en el que conviven en pacífica coexistencia y armonía todos los miembros de la escala social y económica que en tales lugares se dan. Ojalá este fuego sagrado perdure siempre, pues él constituye uno de los más preciados rasgos de la idiosincrasia regional costeña en estos lugares.
Con ese paso de la domesticación de las criaturas animales y vegetales, se inició la humanización del medio ambiente y el mayor avance del hombre sobre este. Esa fue una gran zancada del hombre. Ahora el hombre empieza a sentirse señor y menos súbdito del medio. Después, sobrevinieron las demás conquistas, marcadas por las eras de la prehistoria y de la historia que conocemos.
No obstante, este proceso de extensión del hombre sobre el medio ha conducido al estado actual en el cual el hombre está arruinando su habitat, su entorno y, en general, la vida en la tierra que habitamos. La domesticación del medio ha venido culminando en la sumisión y ruina del medio por parte del hombre y, con ello, en la creciente sumisión y ruina del mismo hombre.
Qué hacer, como solía preguntarse Lenín.
Sin vacilación respondo que lo que hay que hacer ahora es tomar la dirección contraria, a saber, la de que el hombre sea domesticado por parte del medio, de su entorno, de su habitat, de su lugar, de su región, de su país, de su geografía, de todo el universo de la vida en general.
Debemos y tenemos que ser domesticados por la vida en cada lugar y en cada criatura y entorno donde esta se dé: Domesticados por los elementos tierra, agua, aire, fuego, oxígeno, ozono; domesticados por la vida donde ella esté habitando: En los minerales, los vegetales, los animales; domesticados por la sabiduría y la belleza que está viva allá, en ese afuera que hemos estropeado y destruído por buscar el beneficio material y egoísta: Domesticados por la música, por la flor, por el perfume, el paisaje y por los álbumes innumerables del día, que van desde el amanecer hasta las estrellas del firmamento en la noche; domesticados por los sabores de la tierra, de la mesa, de la culinaria ancestral del lugar; domesticados por la convivencia, que se complace en servir A y no en servirse DE; domesticados por la satisfacción de dar cada uno lo mejor de sí a quien lo hubiere menester: A cada uno según sus necesidades, de cada uno según sus capacidades; domesticados por el niño, el anciano, el ignorante, el pobre y el enfermo; domesticados por el misterio inescrutable e inefable de Quien ha hecho lo que ningún hombre será nunca capaz de hacer.
Y, por favor, no bendigamos ni nombremos tanto a Dios: Vivámoslo y orémosle en las acciones solidarias.
Para llegar a dar el primer paso lo único que se requiere es dejar a un lado el egoísmo, el afán de ser superior a los demás, de atesorar lo que la gran mayoría necesita, y, a cambio de esa actitud de egolatría, contribuír a que todos tengan lo necesario. Lo que acumulan unos pocos es suficiente para satisfacer las necesidades de los que nada tienen, que son la inmensa mayoría.
Por qué ignorar, por qué no ver, por qué no corregir este enorme mal, que es tan protuberante. ¡Devotos de todos las religiones y credos, únanse de manera efectiva en esta nueva cruzada!
El desistimiento del egoísmo nos llevará, por sus pasos contados, a devolverle a la vida lo que le hemos venido quitando en los distintos escenarios donde ella ha estado reinando.
Esta es la tarea crucial y principal que el hombre actual necesita y tiene que realizar. Si nos asiste la voluntad y la decisión, resultará más difícil decirlo que hacerlo.
Otto Ricardo-Torres
Casa Esenia, febrero 7 del 2012.

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