viernes, 8 de abril de 2011

Mouni Upanishad. Canción para iniciar el sendero


A mi Maestro
con máxima devoción.

Y dijo El Maestro:

1
“Una lágrima te acompaña y trae a Mí.
Así vienes del llanto al amor, del amor a la belleza.
Ven. Entra conmigo al Templo.

2
Así me encontrarás, andando tú solo,
solo en todo.
Procura, pues, callar.

3
Andar tú solo en todo es ir por el seno del silencio,
como por debajo de la arboleda.
Ir en silencio es el andar solo que debes empezar a cultivar.
En él oirás El Canto, tu canción, cuando estés solo.
En el seno de ese follaje de silencio y soledad, brillaré, me verás,
cuando las sombras de las cosas, los seres, las palabras, hayan enmudecido.

4
Allí es entonces El Reino.
En ese país celeste vivo yo, La Casa. Tu destino estelar.
Cuando uno queda y anda solo,
solo entre los demás y en uno mismo,
se han levantado ya los velos,
y flamea la pura transparencia.
Es el umbral, la iniciación en el sendero de los astros,
el borde del mundo.

5
Irás por el sendero de El Reino.
En El pondrás silencio en tu palabra, en la mirada;
silencio en el pan que yo te doy, en el milagro;
silencio en los riesgos y en la risa, en el sueño y la vigilia.
Silencio en el silencio.
Es el ademán, la clave para ingresar al sendero,
la manera de ir.

6
En este grado, la palabra de paso es callar.
Lo que tuvieras que decir, ya lo dirás en su momento y en su modo.
Entonces, después de haber vencido la prueba,
la palabra será tu salario. En ese caso, serán mías las palabras de tu boca,
mías en ti.

7
Sabe, pues, que al ingresar en la transparencia,
el tú de ti, la piel, debe quedar también en el umbral,
cual sandalias. En El Templo vas desnudo y descalzo,
apenas vestido con tu alma,
túnica blanca cristal.
Así vas y asciendes
con los ojos abiertos,
los dedos sobre el labio.

8
En verdad, El Sendero es El País de La Luz.
Por donde irás, pasarán todos, hemos pasado todos.
La esencia te ha estado madurando
como El Canto a la voz.

9
Partirás un día, oh eterno, oh infinito caminante.
Y todo será más claro cada vez.
Yo iré a tu lado, contigo, en ti,
hasta ser uno camino y caminante.
Vamos”.


Otto Ricardo-Torres
Casa Esenia, ca. 1985.

miércoles, 6 de abril de 2011

C a n t a r


(A Cuiva, aldea natal)
Otto Ricardo-Torres.
I
Callar, amor, es cantar
A solas sin ser oído;
Es cantar con el callar,
Es hablar en el olvido.
Resonancia en el silencio,
La memoria es mi canción:
Afueras de soledad,
Concierto en el corazón.
Mirar ya no es contemplar,
Sino pulsar el sonido:
El camino y las aldeas,
Disueltos en el oído.
Todo el tiempo estuvo andando
El dolor en mi camino:
Un mundo triste y amigo,
Compañero del destino.
Si el amor calla en la boca
Y hablan los ojos por ella,
Por qué mi voz no te toca
Con la mirada o su huella?
Este canto es el callar
De pena que va conmigo.
Con tristeza va el camino
Cuando se alza el cantar.


Callar, amor, es cantar
A solas sin ser oído;
Es cantar con el callar,
Es hablar en el olvido.
II
Camino del cancionero
Con aroma juvenil,
Cuándo volver a vivir
Bajo el cielo en que nací?
Pasan voces todavía
Frente al pretil de mi casa,
Donde un niño está sentado
Sin su tiempo, que no pasa.
Tiempo y no tiempo es igual
Cuando mí es lejos de mí,
La íntima lejanía
Del hijo niño que fui.
En las aldeas de mi alma,
Conduelen en mi nostalgia
El mismo gallo que canta
Y el matorral, los caminos.
En mis pasos va mi casa,
Cuiva natal aborigen,
Con sus veranos de malva
Y sus inviernos rubí.
Soy un hijo por nacer,
Pues voy viviendo el morir,
Muertos vivos quiero ver,
Los que se fueron sin mí.
Callar, amor, es cantar
A solas sin ser oído;
Es cantar con el callar,
Es hablar en el olvido.
III
Conmigo, Padres, va Dios
-No conmigo, sino en mí-,
Angel, Maestro y Amigo,
En mi morir y vivir.
En la fronda azul y sol,
Sagrario de la ilusión,
Van volando chiritongos
Dibujando su canción.
Hortelanos de la fronda,
Evangelistas del sol,
En sus países de ámbar
Nace el ángel, vive Dios.
Sea el silencio mi cantar,
Si estoy viviendo el nacer,
Si estoy volviendo a mi Casa
Para verme amanecer.
Callar, amor, es cantar
A solas sin ser oído;
Es cantar con el callar,
Es hablar en el olvido.
Otto Ricardo-Torres
Casa Esenia, 1998.
(Publicado).

martes, 5 de abril de 2011

Bayí



1.0. Por primera vez, hoy mi hijito me acaba de besar. Este es un dato exacto, histórico. Se me quedó mirando -su tetero bajo el brazo-, me acarició la barba con sus deditos y, de manera inesperada, me besó.

Yo lo cargué entonces.

El aire de la estancia se quitó el vestido que traía y quedó apenas en la piel original.
Polvillos de luz surgían errantes y testigos, y, más al fondo, una familia de trompos y canoas de oro emanando su visible melodía impersonal.

Desde entonces, la fuente del oído, que es donde viven los ángeles y el mar, abrió sus puertas al canto.

2.0. Apelando a la mediación de la mirada, palpo mi tierno cargamento al hombro.
Me pide que lo baje y, de inmediato, corre a su "libro".

-¿Bibo? ¿Bibo?-, empieza.

-Sí, señor: su libro-, le respondo. La propuesta quiere decir que tenemos que leer, como es ya costumbre, su "bibo” juntos.

-¿Bayí?

-Perfecto, señor. Ese es David. Usted.

Por virtud del entendimiento alcanzado, sonríe. Y prosigue:

-¿Ais?

-Así es. Ella es Gladys. Mamita

-¿Aísa?

-Muy bien. Se ve que usted es un man que avanza con seguridad. Sí, ella es Mamá Luisa. Abuelita.

-¿Bayí?

-Sí, Usted.

3.0. El tal "libro" es una revista del amado pueblo de Viet-Nam, con ilustraciones de la vida campesina y de la guerra que libra el heroico pueblo del Tío Ho. Para Bayí, en ese "libro" se congregan él y todo su universo. Me arriesgaría a suponer que, por tal circunstancia, no “lo” ha roto. (Arriesgándome, he dicho "roto", en mi lenguaje). Ese "bibo", alias revista, es lo único sobreviviente de su especie, y anda con ella para arriba y para abajo – sin dejar su tetero bajo el brazo-, desde que aprendió a "leer". Bayí, o sea, él, David, es la pintura de un niño que juega y ríe entreverado entre pollitos y búfalos. Desde su punto de vista, allí están su academia, su casa, su país.

4.0. De la "lectura" de su libro salta al tetero y lo desocupa de una sola empinada. En ese punto me pide que lo cargue. Y calla.

Andamos para allá, para acá, para allá. La tarde se ha ido llegando, sin nevar ni hacer ruido. Hay cambio de guardia en el mundo,
en la luz.
 
El ojo, quieto, deambula sin edad.
 
Y la luz evoluciona dulce, mansa, abuela, buena.
La piel despliega los velos e inicia su navegación.
El otro mundo calla.
Y cae.
Va al fondo.

5.0. David -Bayí- anda conmigo, en mi hombro, en mí.

Sin dormir, ya era liviano.
Ahora fluye.
La luz, unánime, lo ha dormido.
Al retornar, mi mano se acuesta en la mejilla del beso. Allí la dejo sin premura hasta bañarme
en azul,
en ámbar,
en dorado.
Y navego en el amor, como un hijo de mi hijo.

Otto Ricardo-Torres.
(Casa Esenia, diciembre de 1967).