domingo, 20 de marzo de 2011

Apólogo de El Hierofante.


A D. José Manuel Rivas Sacconi

In Memoriam.
En el aire hay un Palacio donde viven
las luces del firmamento.
En él viven El Día y La Noche.
Y es un Palacio de cristal.
Con cristales y jardines construídos
por las manos del éter, del aire, del agua,
del fuego y, en general,
por las arpas eternas de La Luz.
Más allá de El Palacio están:
El País de La Transparencia,
que es donde viven los padres de La Luz,
y El País de El Silencio,
que es donde viven los padres de La Música.
Más acá, está el agua, junto a la piel;
el agua o espejo del confín,
el borde del piélago de la ola eterna.
Entre la transparencia y el agua, está el aire,
en el umbral. Con su Palacio, en la colina.
El agua tiene los ojos abiertos, pero es ciega,
pero ve. Para ver no necesita recordar.
Ella no habla, pero ve.
El aire ve y domina los valles de La Transparencia
y del agua, y del fuego, y de la tierra y el éter.
Sin embargo, de todos ellos, la única que sabe,
la única que se da cuenta que sabe,
que sabe que ve,
es La Luz.
Fíjate bien. El agua es la misma Luz, pero húmeda,
para dejarse tocar.
... Recuerda. Observa. Reflexiona.
Medita. Aprende.
Y calla.
Y cuando debas decir algo,
procura que tu palabra
sea otra manera de callar.
Calla, entonces.
Mirando desde afuera.
Mirándote callar.
Lo visto te ve a ti.
Los ojos. Ah, los ojos.
Los ojos han de mirar el agua
y ver que el agua los mira.
Los ojos han de mirar el agua
hasta alcanzar la llama.
Con los ojos cerrados,
el agua va y ve. El agua de los ojos.
Después, serás tú mismo.
Astral. Errante.
Solitario.
Solidario…
En la cadena mística, las manos se eslabonan
con El Todo:
las manos de la tierra con las del agua con las del fuego con las del aire
con las del éter:
con las manos de los hombres de las plantas de los astros de los ángeles;
por un lado y por el otro;
en circulación consecutiva, sin cesar,
de todo enTodo, en cada uno,
resonando la música del puerto,
que es partir y llegar,
como la puerta, va-i-vén.
Dentro de la cebolla, en no sé dónde,
está La Llama, El Ojo.
Las capas de la cebolla son su luz
para envolverla,
para vestirla,
para velarla.
Y uno ve entonces
que después de cada luz
siempre hay más luz.
Por eso dicen que en El País de La Luz
hay un Palacio de Cristal,
y que cuando logras entrar en El,
ya eres tú,
ya eres El.
Allí, únicamente Allí, lo visto te ve a ti.
Porque lo visto es entonces el que ve.
Otto Ricardo-Torres.
(Casa Esenia, Sábado de Gloria, 1989.
Publicado en la Revista Universitas Humanistica,
de la Pontificia Universidad Javeriana).

No hay comentarios: