jueves, 31 de marzo de 2011

Japón y el Zen

















Un haikú de Issa



ESTAMOS CON USTED,
BELLO PAÍS DEL JAPÓN.
Otto Ricardo-Torres.

Si leemos debidamente el siguiente haikú de Issa, advertiremos que las ideas, si las hay, no son nada racionales, y que en vez de ideas hay imágenes, y que estas son las que se encargan de mostrarse como presencias de la naturaleza natural, y que las palabras ocurren sin figuraciones retóricas, sino del modo más limpio y sencillo posible.

Las palabras de los hábitos de la razón o del sentido común son borradas por las mismas palabras y se convierten en dedos índices, que ya no dicen sino que señalan.

Esta manera de decir emplea la palabra para mostrar, para señalar, para indicar (al modo del dedo índice). Esa manera ya está diciendo la inmediatez, la no mediación, pues uno puede mostrar con el dedo únicamente lo que está delante de nuestra percepción sensorial.

La percepción intelectiva, propia de la palabra ordinaria, se hizo precisamente para podernos referir a la realidad sin estar inmediatos a ella. Y en realidad nunca estamos inmediatos a ella, así nos encontremos delante de ella, pues la palabra interpone un nombre a las cosas de la realidad y este nombre crea la mediación, o sea, la no inmediatez, y acaba haciéndonos creer que esa es la realidad y no la realidad verdadera.

De modo que emplear la palabra para que esta funcione como la no-palabra es algo no común pero maravilloso, pues con ello se nos revela de pronto la verdadera realidad. Es la pauta clásica del Zen.
Así que si uno se hace cargo de esa manera de ser mostrativa o deíctica de estas palabras-primavera del haikú, conviene en que no son dichas para reflexionar sino para mostrar, para abrirle paso al ingreso directo de la primavera recién naciente. La percepción pasa de legible a sensible, a ver y no a leer.

El haikú es este:

La primavera ha llegado

Con toda sencillez:
Un ligero cielo amarillo.
(“Assari to harú wa ki ni keri asagi-zorá”).
(Issa).

La palabra palabra, con su gramática logicista, habría entrado en una cantidad de vericuetos explicativos para decirnos en detalle por qué el color amarillo y qué quiere decir “con toda sencillez”, y esto y lo otro.

Issa no lo ve necesario, pues él no está interesado en hablarnos de una primavera pensada, de una idea de la primavera, de una primavera vista desde las palabras, sino mostrarnos nada más la presencia de la primavera en persona mediante la no-palabra. Para ello, nuestra complicidad estará en percibir directamente, no en leer; en percibir las palabras como si fueran la presencia directa de la señorita primavera.

Ya dicho y captado el sentido del haikú nos parecerá sencillo e incluso trivial. Pero no nos parecerá igualmente sencillo e incluso trivial si nos decidimos a advertir que no es un haikú lo que estamos leyendo, sino a la misma primavera, que tantas veces ha llegado hasta nosotros sin advertirla, sino al sentido de ella en las palabras que la mientan, que la mienten.

No miremos las palabras sino el dedo que nos muestra el ligero cielo amarillo. Así veremos que desaparecen las palabras y el haikú se inunda de una tenue sinfonía de luces recién bañadas.

Como ellos dicen, “Hay que mirar directamente a la luna, no el dedo que nos muestra a la luna”.
De la mano de la inocencia vemos ahí desembarcar del universo el encanto de la primavera.

Issa dice que es “un ligero cielo amarillo”, lo cual es un casi-cielo-amarillo, algo como un cielo amarillo recién naciente, apenas un boceto suficiente.

Con ello, dice el borde, el instante del nacimiento de la primavera saliendo del huevo. Dice el tono y el matiz, con la delicadeza de un ritual, de un pincel.

En ese instante, se hallan unidos lo natural y lo sagrado, lo natural y lo sobrenatural. Y se alcanza a ver el ingreso del más allá en las aguas de una mañana nueva.

Como todo misterio, es tan natural que colinda con lo sobrenatural, más fácil de percibir que de decir y explicar.

Otto Ricardo-Torres
Casa Esenia, marzo 30 del 2011.

domingo, 27 de marzo de 2011

Mi-Tao 3



Generalmente, el ser discreto es veraz.
Y viceversa.
El ser discreto y veraz ve.
El ser veraz ve.
No siempre callar es ser discreto,
ni es cierto que decir sea siempre indiscreción.
Hay un decir discreto y un callar que no es discreción.
Unos callan porque no saben y otros porque saben que no saben.
Las palabras de la sabiduría no provienen de la lengua convencional.
Los poetas verdaderos no fingen sino ven,
no inventan sino dicen la verdad que vive en lo desconocido.
Si son verdaderos poetas, su palabra es discreta porque es
testimonio de lo que ven y que fue autorizado a ser dicho.
El verdadero poeta no es él, él es únicamente un mensajero elegido.
El verdadero poeta es el que sabe que no es él.
Ser no-ser es nacerse en el seno del ser verdadero.
… Homero, Sófocles, Dante, Shakespeare, Dickens, Dostoyevsky, Tolstoy, Shólojov, Verne, Rilke, Pessoa, Whitman, Neruda, Rulfo; Verdi, Haydn, Beethoven, Mozart, Grieg, Rodrigo; Goya, Murillo, Matisse, Kandinsky, Van Gogh …

Otto Ricardo-Torres
Casa Esenia, marzo 27 del 2011.

domingo, 20 de marzo de 2011

Apólogo de El Hierofante.


A D. José Manuel Rivas Sacconi

In Memoriam.
En el aire hay un Palacio donde viven
las luces del firmamento.
En él viven El Día y La Noche.
Y es un Palacio de cristal.
Con cristales y jardines construídos
por las manos del éter, del aire, del agua,
del fuego y, en general,
por las arpas eternas de La Luz.
Más allá de El Palacio están:
El País de La Transparencia,
que es donde viven los padres de La Luz,
y El País de El Silencio,
que es donde viven los padres de La Música.
Más acá, está el agua, junto a la piel;
el agua o espejo del confín,
el borde del piélago de la ola eterna.
Entre la transparencia y el agua, está el aire,
en el umbral. Con su Palacio, en la colina.
El agua tiene los ojos abiertos, pero es ciega,
pero ve. Para ver no necesita recordar.
Ella no habla, pero ve.
El aire ve y domina los valles de La Transparencia
y del agua, y del fuego, y de la tierra y el éter.
Sin embargo, de todos ellos, la única que sabe,
la única que se da cuenta que sabe,
que sabe que ve,
es La Luz.
Fíjate bien. El agua es la misma Luz, pero húmeda,
para dejarse tocar.
... Recuerda. Observa. Reflexiona.
Medita. Aprende.
Y calla.
Y cuando debas decir algo,
procura que tu palabra
sea otra manera de callar.
Calla, entonces.
Mirando desde afuera.
Mirándote callar.
Lo visto te ve a ti.
Los ojos. Ah, los ojos.
Los ojos han de mirar el agua
y ver que el agua los mira.
Los ojos han de mirar el agua
hasta alcanzar la llama.
Con los ojos cerrados,
el agua va y ve. El agua de los ojos.
Después, serás tú mismo.
Astral. Errante.
Solitario.
Solidario…
En la cadena mística, las manos se eslabonan
con El Todo:
las manos de la tierra con las del agua con las del fuego con las del aire
con las del éter:
con las manos de los hombres de las plantas de los astros de los ángeles;
por un lado y por el otro;
en circulación consecutiva, sin cesar,
de todo enTodo, en cada uno,
resonando la música del puerto,
que es partir y llegar,
como la puerta, va-i-vén.
Dentro de la cebolla, en no sé dónde,
está La Llama, El Ojo.
Las capas de la cebolla son su luz
para envolverla,
para vestirla,
para velarla.
Y uno ve entonces
que después de cada luz
siempre hay más luz.
Por eso dicen que en El País de La Luz
hay un Palacio de Cristal,
y que cuando logras entrar en El,
ya eres tú,
ya eres El.
Allí, únicamente Allí, lo visto te ve a ti.
Porque lo visto es entonces el que ve.
Otto Ricardo-Torres.
(Casa Esenia, Sábado de Gloria, 1989.
Publicado en la Revista Universitas Humanistica,
de la Pontificia Universidad Javeriana).

lunes, 14 de marzo de 2011

Posdata de la melancolía.

Otto Ricardo-Torres.

Lo que más me identifica es la tristeza. Cuando me siento afligido, me saludo de abrazo conmigo, mi hermano menor que va conmigo. Siguiendo los sabios consejos, he intentado cambiar de actitud, mirar para otro lado, hacerle el quite a la aflicción, pero veo que así no soy yo, sino el otro, en mi modo de ser natural.

Siento que la tristeza viene conmigo desde lejos, pues por donde me miro, con la memoria o con los sentimientos o la piel, es así como me reconozco y entro en la más espontánea conversación conmigo.

Los que no conocen la tristeza me dicen amablemente que ‘ella lo debilita a uno’, y que “ánimo, compañero, hay que salir adelante”. Son recetas -me digo-, palabras que están afuera, palabras librescas, no sentidas, no vividas.

No ser triste es no ser yo, y no es cierto que ser así me debilita, pues siendo como soy siento que estoy más cerca de mí y entonces he sabido que cuando uno está en uno es cuando Dios está más cerca de uno.

El Dios que me acompaña tal vez también sea triste o esté triste; de un modo u otro, me acompaña. Siempre que me siento acompañado por mí, Él me mira con dulzura, me pone Su Mano en la cabeza y deja que en mí transcurra el flujo de la vida. Él me hizo así y Él sabrá por qué. Me confío a Él y me digo que Él sabe lo que hace y que Su Obra siempre es de Amor y de Sabiduría.

Debo decir que no busco la tristeza, que no hago poses de estar así, que no invento cielos de melancolía. Al contrario, ella me encontró y vive conmigo y somos compañeros.

Los psicólogos, psiquiatras y afines –a quienes nunca he consultado, sino leído-dirán que es un caso típico de alienación, que lo que yo tengo me tiene y que por eso no puedo salirme de ahí. Me parece que ellos estudian y trabajan para estandarizar los sentimientos, los comportamientos, la vida; para hacer de cada vida la vida neutra, impersonal. Y eso sí es grave, porque es artificial; porque esa es una vida sin color ni sabor, sin identidad: La vida de ninguno, de ninguna parte, por ser dizque la vida en general, como supuesta conducta normal, común y corriente.

Desde que me conozco he sido así, con la cohorte de timideces, complejos, autolimitaciones, frustraciones, anhelos nonatos, sensación de orfandad, de luto, de horizontes marchitos, de canciones y colores afligidos, que eso conlleva. Pero así he andado y he llegado hasta aquí. De haber sido de otro modo, vivido en la opulencia, las orgías, de seguro que no habría sido más feliz que como soy con mi tristeza.

El semblante de Jesús El Cristo luce una tristeza universal. Alguna parte de Su Símismo somos nosotros. De aquí para allá, desembocamos en Él. De Allá para acá, Su Piel eterna nos alcanza y nos envuelve.

Sé que mi ser no se agota en mí, y que el espacio de mi ser se extiende de manera solidaria a los demás, a muchos losdemás que van cargados de penurias: El caballito de las zorras, de afán diario; el perrito del mendigo o de nadie, el hijo de las empleadas, los huérfanos, las viudas, los desarraigados, los perseguidos injustamente, los humillados de todos los colores, los que no tienen qué hacer ni qué comer ni dónde dormir, los que no pudieron decirse, los que no aprendieron a hablar y a escribir en el lenguaje de los otros, los que miran desde lejos el aroma de los restaurantes, las vitrinas … Si digo entonces que /”MÍ NO SÉ DÓNDE ES”/ es porque vivo allá, compartiendo tristeza con mis rostros multiplicados.

Juro que no hubiera podido ser de otro modo. Viví para ser así, ser fiel –como Manolíos- al dolor que nos une a lo mejor de uno mismo. Hoy puedo decir que lo mejor de uno y que cuando uno es uno, nunca muere.

Por lo dicho, creo que ya me voy acercando al final. Esto me lo dictó mi ser triste, a modo de una despedida. Me figuro en mí una manito infantil diciéndome adiós desde el puerto. Aquel niño que me despide soy yo.

Otto Ricardo-Torres
Casa Esenia, octubre 29 del 2010.

jueves, 10 de marzo de 2011

Gnosis.


A mis alumnos de la

Pontificia Universidad Javeriana.


Observa y reflexiona.
Medita. Aprende.
Y calla.

Y cuando debas decir algo,
procura que tu palabra
sea otra manera de callar.

Calla, entonces.
Mirando desde afuera.
Mirándote callar.

Lo visto te ve a ti.

Los ojos. Ah, los ojos.
Los ojos han de mirar el agua
y ver que el agua los mira.

Los ojos han de mirar el agua

hasta alcanzar la llama.

Con los ojos cerrados,
el agua va y ve. El agua de los ojos.

Después, serás tú mismo.
Astral. Errante.
Solitario.
Solidario.

Otto Ricardo-Torres.
Casa Esenia, (ca.1990).
(Publicado).

domingo, 6 de marzo de 2011

Apólogo del Hermano secreto.

A

Gerardo Valencia y Efraín Cabrera

In memoriam.


" Y respondió Dios a Moisés: Yo soy

el que soy. Y dijo: así dirás a los hijos

de Israel: Yo soy me ha enviado a

ustedes". Éxodo, 3, 14.


Un día fui a la cueva donde vivía mi Hermano. Estaba enfermo, con una pierna en alto sobre un tronco.

-Quiero que me dés unas yerbas de tu bosque para curar mis ojos-, le dije. -Sé que tú sabes hallarlas, pero te veo enfermo y no podrás andar. Dame, pues, un consejo para vivir. Después, volveré por las yerbas, cuando tus pasos puedan ir- .

Al punto, él respondió:

-No dices bien, hermano. En verdad, la pierna que ves aliviándose en el tronco, ella está enferma, no yo. Así que vamos a conseguir las yerbas. Si has llegado a mí en procura de salud, yo debo obedecer la voz que te ordenó venir- .

Y salimos.

Al retornar, volvió a poner su pierna sobre el tronco y me dijo estas palabras:

-Te decía antes de ir al campo que es mi pierna la enferma y no yo. Del mismo modo, son tus ojos los que están enfermos, no tú. Aun con los ojos y con la pierna enfermos, el Yo va y ve.

Cuando Yo Soy, tú eres Yo, yo soy Tú. Yo vine con tus pasos a buscarme porque tú estabas aquí sentado con esa pierna en alto. El Yo siempre anda y siempre ve. La salud está en la certidumbre de la Eternidad, que vive en ti y te mira. Si la ves, borras la dualidad y ya es igual lo visto y el que ve- .

Al cabo de los años, comprendí que mis ojos enfermaron para que en mí naciera la necesidad de ir a la cueva encantada de mi Hermano. Mis ojos sanaron, pero, en verdad, fue su palabra la que me enseñó a ver.

Otto Ricardo-Torres.

(Publicado en el Instituto Caro y Cuervo).

Mi-Tao 2.

El que dice no sabe y el que sabe no dice, dice el Tao-te-King, de Lao-tsé. Y esa es la clave del conocimiento esotérico, de la revelación o iluminación.

No debe uno decir lo que se le ha revelado, a menos que se le haya revelado para darlo a conocer. Este es el caso de todos los Upanishads, incluyendo LUZ EN EL SENDERO, A LOS PIES DEL MAESTRO, MAUAL PARA LA ASCENSIÓN, de circulación contemporánea, más los antiguos textos pre védicos propiamente tales, correspondientes a esta dimensión.

Aun en estos casos, la condición única es que la palabra revelada que se autoriza divulgar, se constituya, a su vez, en una manera de callar.

Por ser palabra sagrada, su fuero es el silencio, y, así, esta palabra se constituye en antídoto de las otras palabras: Las unas borran a las otras, como el mantram, por ejemplo, sin ir muy lejos.

Si no es así, los labios deben permanecer sellados. Pues ocurre que uno a veces dice lo que no debía, y, por decirlo, ya no es. Si lo calla, es; si lo revela, no es. El silencio protege la condición de verdad de la revelación. Por ello, El que dice no sabe; El que sabe no dice.

Lo esotérico es lo secreto; pero ante todo, lo discreto. Se opone a exotérico, que es lo público. El secreto esotérico no es, pues, palabra ordinaria, común y corriente, sino palabra dada en revelación, generalmente mediante entrega personal.

Las palabras de la revelación, iluminación o satori no dicen conocimiento conocido. En estricto sentido, corresponden al Logos. Esta es la palabra sagrada, que únicamente se escucha y se ve en el interior del iniciado. Son pensamientos sonoros y visibles al tiempo. Pero no se oyen ni se ven afuera.

Quisiera decir que los ángeles sonríen y los arcángeles y serafines tocan sus arpas y cantan, pero el ser de la dimensión común y corriente de uno no escucha nada. Y seguramente andamos inmersos en la sinfonía celestial, mirando para otro lado, sin sospecharla.

También quisiera decir que, a la luz de los presupuestos enunciados, para tener esos ojos para ver y esos oídos para oír, uno tiene que haber alcanzado el grado correspondiente a la vibración de la energía en la que viven los secretos de las revelaciones.

Ese grado, según supongo, no se logra mediante lecturas de palabras profanas, de ninguna palabra ajena, mucho menos promocional, sino a través de la suave disciplina de la purificación.

Tal sería el sentido de las palabras (-logos) preliminares de LUZ EN EL SENDERO, que dicen:

“Estas reglas han sido escritas para todos los discípulos. Préstales atención:

Antes de que los ojos puedan ver, deben ser incapaces de llorar.

Antes de que el oído pueda oír, tiene que haber perdido la sensibilidad.

Antes de que la voz pueda hablar en presencia de los Maestros, debe haber perdido la posibilidad de herir.

Antes de que el alma pueda erguirse en presencia de los Maestros, es necesario que los pies se hayan lavado en la sangre del corazón.”.

Como resultado de haber cumplido esos mandamientos primordiales, en el escolio XV (explicación) de la exégesis del texto, se nos dice:

“Pide a la Tierra, al Aire y al Agua, los secretos que guardan para ti. El desarrollo de tus sentidos internos te da derecho a hacerlo.”.

Quizás a eso se refiera el TETRAGRAMMATÓN, las cuatro palabras sagradas del iluminado: AMAR SABER OSAR CALLAR.

Y así, saltando de conjetura en conjetura, parecería que la puerta de acceso al SABER, el guarda templo interior del sendero iniciático es el corazón, sagrario del AMAR y del AMOR. Y que si uno llega a este grado de maestría, la nueva energía de nuestro ser re-potencializa nuestras funciones y adquirimos la disposición para ver y oír la palabra de los Maestros.

Otto Ricardo-Torres

Casa Esenia, marzo 6 del 2011.