jueves, 3 de febrero de 2011

Boceto para una oda a los ancianos. Canto a mí mismo


Otto Ricardo-Torres.

1
El defecto de todos los niños
es crecer.
2
El único Niño de por vida,
En su tamaño y en todo,
Es El Niño Dios.
3
Mientras haya villancicos
Y pesebre, está obligado
A no crecer.
<>
4
Dios forrado de gato, le dije
Varias veces, en su propia cara,
A mi gatico Agathón.
<>
5
El nieto que uno lleva de la mano,
lo lleva de la mano a uno.
¿Sí será que somos dos?
6
Mano anciana y manecita están ahí,
una en la otra,
pero lejos.
7
El anciano puede leer a los niños
Porque son él mismo. Los distancia
Únicamente su mirada en diagonal.
8
Hoy sé que los ancianos
no envejecemos con los años
sino en la manera de mirar.
9
Uno ve para tocar y saber
que todavía estamos aquí.
Uno ve queriéndose quedar.
10
Y esa es ya nuestra
Única manera de ir.
11
El perrito lee mi silencio y mueve
Su cabecita mirándome
a un lado y a otro.
12
En cambio, los niños nos miran
y se ríen. Apartan de uno la risa
Y siguen con lo suyo.
13
En ellos la vida se alzó, quieta, a la postal.
Fugaz aurora de primavera.
Ligero amanecer.
<>
14
Un día, sin ton ni son, me sorprendí llorando.
Y ha sido el único trueno analfabeta
Que he escuchado.
15
-De qué lloras, viejo, -me dije.
Y él me miró, tal vez
acordándose de mí.
16
Desde lejos, ya ninguno
De los dos recuerda que antes
Hubo una cierta manera de reír.
17
Uno anda despacio porque
son los recuerdos los
que andan en uno.
18
Hoy, los cantos de los gallos de mi aldea
Suenan más limpios e iguales cada vez.
Quién se aflige en mí entonces.
Quién en mí, si mí no sé
Dónde es?
19
Desde entonces, ¡ay!,
mi agenda de todos los
Días es
NO LLORAR.
Casa Esenia, noviembre 2 del 2010-febrero 3 del 2011.

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